Las sensaciones no son tus enemigas…

La vida está en movimiento, y el pensamiento siempre se esfuerza por alcanzarla. La vida precede al pensamiento. En este sentido, ¡todo pensamiento es un añadido a posteriori!
Así que regresa a estas olas de experiencia, regresa a lo que llamas dolor, y fíjate en que no es sólido, sino que de hecho consiste en toda clase de olas más pequeñas, toda clase de sensaciones cambiantes, que fluctúan, que danzan. En el instante que llegas a una conclusión sobre una sensación, en cierto sentido has dejado de ver y de sentir, de sentir de verdad, lo que hay aquí; has entrado en un relato mental sobre tu experiencia. Así que vuelve a lo que está sucediendo realmente y mira de nuevo.
Deja a un lado la conclusión de que eso que experimentas ahora se llama dolor, y redescubre lo que es en realidad. ¿Cómo son en realidad esas sensaciones a las que llamas dolor? Siéntelas…, realmente siéntelas hasta el fondo. Préstales una atención directa y afectuosa, sin esperar que cambien en modo alguno ni intentar hacerlas desaparecer. Encuéntrate con lo que hay aquí sin esperanza. ¿Son estáticas las sensaciones, son sólidas, fijas, o se mueven y danzan en la experiencia presente? ¿Cómo se mueven? ¿Lo hacen rápido o despacio? ¿A dónde van? Síguelas. ¿Da la impresión deque vayan en una dirección determinada, o en todas las direcciones a la vez? ¿Viajan en pequeños círculos, suben y bajan, van de lado a lado, o entran y salen? ¿Tienen bordes afilados, como pequeñas cuchillas, o son más bien blandas, redondeadas, dúctiles?
¿Sientes que son profundas, o superficiales? ¿Tienen distintas texturas o algún diseño que se repita? ¿Son ásperas, suaves, irregulares, tienen protuberancias, pinchan? ¿Vibran, golpean con fuerza, aletean con irregularidad, tiemblan, se ondulan, oscilan, se sacuden, laten o palpitan? ¿Tienen ritmo? ¿Tienen temperatura? ¿Sientes que están ardiendo, calientes, templadas, frías o heladas? ¿Están confinadas en cierta área, constreñidas de algún modo, encerradas, o fluyen libremente, como el agua? ¿Son sensaciones semilíquidas, líquidas, duras, gruesas, descoloridas, viscosas, puntiagudas, delicadas? ¿Hay algún color, forma o sonido asociado a ellas? ¿Son rojas, moradas, anaranjadas, amarillas, verdes? ¿Son negras, blancas o transparentes? ¿Son circulares, cuadradas, triangulares, elípticas o de alguna forma totalmente distinta? ¿Cantan, chillan, emiten un zumbido, o están en silencio? ¿Son tímidas o confiadas? ¿Parecen jóvenes o viejas?

No estés tan seguro de lo que hay aquí; no finjas que lo sabes. Sé siempre un explorador. Entabla siempre una relación íntima con lo que está de verdad presente.
Préstales amorosa atención a estas pequeñas olas, a estas pobres olas que se han visto rechazadas, descuidadas, sin hogar y sin amor durante tanto tiempo, y, cuando lo hagas, fíjate en que a todas se les ha permitido estar aquí. Lo que eres ya las ha dejado entrar, por muy extrañas o desagradables que te parezcan. Las sensaciones no son tus enemigas, por muy intensas que sean.
Cuando traspasas la palabra «dolor» —una palabra que arrastra tal bagaje—, ¿qué es lo que encuentras tú, en tu propia experiencia presente? Nunca encuentras un bulto genérico, inmóvil, estático llamado dolor. El dolor nunca es algo que exista en tu cuerpo; está siempre mucho más vivo.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Es una revelación…

El crecimiento espiritual no es verdaderamente un crecimiento. La palabra es incorrecta. El crecimiento espiritual es una revelación. Algo que estaba escondido se descubre. Algo que ya estaba allí, y te das cuenta de que allí está. Algo que nunca habías perdido, sino simplemente olvidado, de pronto lo recuerdas. Por eso los místicos siempre usan el término “reminiscencias”. Dicen que lo divino no es un logro, sino sólo una reminiscencia. Algo que habías olvidado, y recuerdas.
Dios te atravesará sin impedimentos. Dios puede moverse a través de ti, entrar y salir: no hay nadie que genere una barrera. Cuando te abandonas, te abres a las fuerzas divinas. Después de eso, todo sucede en forma espontánea.

(Osho de su Libro El Dios de Todos).

Nuestro afán por definirnos…

Mucho de nuestro sufrimiento está basado en la idea de que, si sentimos algo durante demasiado tiempo, o con demasiada intensidad, o lo sentimos siquiera, nos convertiremos en ello. Estamos convencidos de que, si de verdad permitimos que el sentimiento esté en nosotros, se nos adherirá y acabará por definirnos. ¡Mucho de nuestro
sufrimiento está basado en lo que, en definitiva, es pura superstición! Solo porque te sientas fracasado no significa que seas un fracasado. Solo porque te sientas feo no significa que seas feo. Solo porque te sientas una ola, no significa que la ola pueda definirte.
En nuestro afán por definirnos, por distinguirnos de los demás, por mantener en pie un relato coherente sobre quiénes somos, lo que acabamos haciendo es no permitirnos albergar sentimientos que se contrapongan a la imagen o el relato de nosotros mismos que intentamos mantener.Decimos: «Este sentimiento es yo» o «Este sentimiento no es yo». Si la imagen que tengo de mí es la de una persona guapa, atractiva, no voy a permitir que entre una ola fea; esa ola sencillamente no concuerda con cómo quiero verme a mí mismo y con cómo quiero que tú me veas. Si me siento feo, empiezo a sentir que algo no va bien…, que hoy no «me siento a mí mismo». O si tengo la idea de que soy un triunfador, no voy a permitir que entre la ola del fracaso. No concuerda con la idea que tengo de mí. No me puedo permitir sentirme fracasado. Si tengo la imagen de que soy una persona fuerte y quiero que otros me vean así, no me puedo permitir sentirme débil.
No puedo permitir que entre en mi experiencia ninguna idea que ponga en peligro la idea que tengo de mí mismo.
Si de verdad tuviéramos algún control sobre las olas que aparecen, podríamos impedirles la entrada a todas aquellas que no respalden nuestro relato de nosotros mismos. Pero la realidad es que el océano de la vida no está bajo nuestro control. A pesar de todos nuestros esfuerzos, los pensamientos v sentimientos que no deseamos siguen apareciendo. Intentamos desterrar las olas feas, temerosas, dolorosas, perturbadoras; las olas de fracaso, de debilidad, de «energía negativa»; las olas «oscuras», y descubrimos finalmente que no es posible; Aparecen de todos modos. No podemos cerrarle el paso a la mitad del océano. El océano de la vida es salvaje y libre, y no se puede domar ni reprimir.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 24 de Agosto

Por debajo de nuestros roles, por debajo de todas las imágenes que tenemos de nosotros, aunque seamos reyes o vasallos, santos o pecadores, ¿acaso no somos todos simplemente este íntimo espacio abierto de consciencia? ¿Acaso no somos todos simplemente idénticos a este momento?
Como espacio abierto, de hecho me resulta muy difícil decir nada sobre mí mismo. Es muy complicado contar un relato sobre una identidad permanente, cuando me doy cuenta de que aquí, en el espacio abierto de la percepción consciente, todo está constantemente cambiando. Los pensamientos aparecen y desaparecen. Aparecen y desaparecen los sentimientos. Sensaciones, sonidos, olores y sabores de todas las clases vienen y van. Aquí, todo está vivo, siempre en movimiento. Tendría que pulsar el botón de pausa en este paisaje eternamente cambiante para poder empezar a contar un relato
inmutable de mí mismo. Necesitaría inmovilizar de algún modo el río de la vida, fijar este momento, señalarlo v decir: «Este sentimiento, este pensamiento… ¡esto soy yo!». Pero la belleza de la vida radica en que no se puede inmovilizar ni fijar. Existe en constante movimiento, en una danza eterna. El río de la vida no lo puede parar nadie.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 23 de Agosto

Sin hacer referencia al pasado ni al futuro, ¿quién eres, ahora mismo?
Cuando hablamos de nosotros, lo que solemos contar es el relato de quiénes somos: «Soy bueno»; Soy malo»; «He triunfado»; «Soy un fracaso»; «Soy generoso»; «Soy fuerte»; «Soy inteligente»; «Soy negro, blanco, bajo, alto, guapo, agraciado, rico, pobre»; «Soy judío»; «Soy cristiano»; «Soy budista»; «Soy abogado, tendero, médico, político, artista»; «Soy tímido»; «Soy extravertido»; «Soy espiritual»; «Soy un melómano»; «Soy deportista»; «Estoy iluminado»; «No estoy iluminado», etcétera.
Pero, como espacio abierto, ni todos los relatos del mundo pueden captar lo que soy: Como espacio abierto, soy lo que soy ahora mismo, en este momento, y nada más. No soy lo que he sido, fui o seré. Como espacio abierto, no soy el relato de una persona en el marco del tiempo. No soy la imagen de una persona dentro de un mundo. No soy un buscador incompleto empeñado en encontrar en el futuro algo que me complete. Soy lo que aparece ahora.
Hablamos sobre descubrir nuestra «verdadera identidad», pero nuestra verdadera identidad no reside en el relato de nuestras vidas. Yo no soy el relato de mis logros y fracasos. No soy el relato de mi estatus social. No soy el relato de mi riqueza o de mi pobreza, de mis relaciones florecientes o fallidas, de mi enfermedad o incapacidad.
No soy el relato de mi niñez ni de mis vidas pasadas o futuras. No soy el relato de mi raza, de mi color ni de mi religión. No soy el relato de mis creencias, de mi búsqueda de la iluminación ni de mi éxito o mi fracaso al intentar alcanzarla.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 22 de Agosto

Los pensamientos, sentimientos, creencias e ideas que aparecen y desaparecen en tu experiencia actual no son de ningún modo los mismos que aparecían y desaparecían hace todos esos años. El relato de ti mismo ha cambiado desde entonces, quizá hasta el punto de que ni siquiera puedas reconocer el de antes. Antes querías ser bombero o bailarín de ballet. Antes te aterraba el monstruo que podía haber escondido en el armario, y creías que en el jardín de tu vecino vivían bajo tierra unos pequeños dinosaurios rosas.
Hoy en día, tus prioridades han cambiado. Ya no te preocupa el monstruo del armario; te preocupa ganar suficiente dinero para pagar el colegio de tus hijos, tu pensión, el mercado bursátil, la guerra, el último ataque terrorista, no iluminarte en esta vida.
¿Puedes decir realmente que seas el mismo «yo» que eras entonces? Tu aspecto físico ha cambiado por completo; de hecho, no queda en tu cuerpo ni sola célula de aquel yo. Tu cara, tu voz, tu pelo…, todo se ha transformado.
Pero, por alguna razón, sigues sintiendo que eres tú, de una manera que no sabrías explicar. Hay cierta sensación de estar aquí que no ha cambiado. El sentimiento de «yo soy» ha permanecido constante. El océano sigue igual, son las olas las que se han modificado. Millones de pensamientos han ido y venido; han aparecido y desaparecido toda clase de sentimientos. Pero este sentimiento básico de Ser se ha mantenido intacto…
Y, sin embargo, no podemos en realidad decir nada sobre lo que es ese Ser. Sientes que es algo íntimo, algo que de algún modo es totalmente tú, y es a la vez misteriosamente incognoscible; enigmáticamente te supera.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 21 de Agosto

No solo no tienes un dentro y un fuera, sino que tampoco has experimentado nunca real y directamente que seas una persona, (¡intenta contarle esto a un psiquiatra!).
Lo único que encuentras son pensamientos que aparecen, sonidos y sentimientos que aparecen en lo que eres. Y luego el pensamiento dice: «Estos son mis pensamientos, mis sentimientos, mis emociones. La vida me está sucediendo a mí». Ahí es donde empieza el relato de la persona: en la identificación con las formas que pasan por la pantalla de la consciencia, la identificación con los pensamientos y sentimientos, con las olas que aparecen y desaparecen en el océano que eres tú.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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