Cuando te reconoces como espacio abierto…

Todas las preciosas percepciones espirituales que tiene el buscador sobre la completitud y la no existencia son magníficas, pero si esas percepciones no se extienden hasta penetrar en las partes más íntimas de nuestra vida, si no llegan hasta lo más profundo de nuestra experiencia personal, si no conducen a la extinción de la búsqueda en todas sus manifestaciones, seguirán siendo meras palabras. Creer que no tienes un yo o que no eres «nadie» o que todo es Unidad está muy bien, pero ¿qué sucede con esas percepciones cuando tu pareja, tu hijo, tu hija, tu madre o tu padre empiezan a llorar porque se sienten heridos por algo que acabas de decir? ¿No les haces ni caso, porque «están perdidos en un relato dualista»? ¿Les pides que te dejen solo, porque «no hay nadie aquí»? ¿Les dices que lo que han de hacer es iluminarse, como tú, y entonces ya no sufrirán? ¿Te retiras y los obligas a que se vayan a algún sitio a meditar, a indagar en sí mismos, a trabajar consigo mismos hasta que se calmen y lo vean todo con claridad? ¿Les das una conferencia sobre cómo no existe ninguna relación y si piensan lo contrario, es porque «todavía tienen un ego»?
¿O estás abierto —de verdad abierto— a escuchar lo que tengan que decir y a encontrar la más profunda aceptación en tu propia experiencia mientras escuchas?
Cuando ya no buscas nada de ellos, cuando no hay una imagen que defender, cuando te reconoces como espacio abierto, ¿acaso no hay espacio para escuchar sin más? ¿No hay espacio para ver el mundo a través de sus ojos, para descubrir en qué sentido lo que dicen puede ser verdad, para encontrar el lugar donde realmente la otra persona y tú veáis lo mismo? ¿Y no hay también espacio para ser de verdad sincero sobre cómo te sientes en respuesta y para permitirles dar su propia respuesta a eso, incluso aunque no sea la que tú habrías esperado, incluso aunque dé al traste con tus sueños, tus esperanzas y tus planes, incluso aunque destruya tu preciosa imagen de ti, la que has estado protegiendo toda tu vida? ¿Es posible permanecer abierto, pase lo que pase?

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Sentimientos de separación y carencia…

Ni siquiera los niños que han tenido una infancia idílica y llena de afecto escapan a este sentimiento básico de separación, de carencia. Se diría que es inherente a la experiencia de ser un individuo. Ningún padre ni madre es culpable de haber creado este sentimiento de separación, esta sensación de carencia; nadie hace intencionadamente de su hijo un buscador. Los organismos recién nacidos que tienen capacidad de pensamiento abstracto acaban buscando, de un modo natural, una completud conceptual en el futuro, elaborando todo tipo de ideas sobre lo que les hace sentirse bien y mal en sus experiencias, e intentan escapar de todo aquello que perciben como causante del no estar bien, a fin de llegar al lugar del estar bien. Visto así, desarrollar un sentimiento de separación y, luego, buscar la manera de corregirlo encontrando integridad forma parte de la evolución natural de la vida.
Buscar no es un error, y no es el enemigo. Es simplemente una cuestión de identidad equivocada.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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La Danza de las Olas en el Océano de la Vida…

¿Eres capaz de reconocer que tu experiencia de la vida es siempre una simple danza de olas en el momento presente, que se suceden todas en el vasto océano que eres? (Y el término «océano», puedes sustituirlo por «consciencia», «percepción consciente», «ser» o «presencia»… o cualquier palabra que te parezca apropiada para nombrar esta realidad que está más allá de las palabras. Da lo mismo el nombre que des a lo que eres en realidad.
Lo que eres, igual que el océano, abarca todas las pequeñas ondas de experiencia que ascienden y descienden, que nacen y mueren. Los pensamientos, las sensaciones, los sentimientos y los sonidos van y vienen en ti. Tú no eres tus pensamientos, ni tus sentimientos, ni tus ideas y juicios sobre ti mismo, ni la historia de tus éxitos y fracasos, ni ninguna de las sensaciones o sonidos que aparecen y desaparecen^ sin embargo, lo que eres —como el espacio plenamente abierto en el que se permite que aparezcan y desaparezcan todos los pensamientos, sensaciones, sentimientos y sonidos— es a la vez, misteriosamente, inseparable de esos pensamientos, sensaciones, sentimientos y sonidos. Tú no eres tus pensamientos, pero, a la vez, todos los pensamientos tienen permiso para ir y venir en la intimidad que eres. Lo que eres no son sonidos, y, no obstante, todos los sonidos tienen permiso para aparecer y desaparecer en ti.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Lo único que queda es GRATITUD…

En realidad lo más bello del mundo, es comprender que nadie puede ser quien tú necesitas o quieres que sea para ti. Nadie tiene el poder de completarte. Nadie puede hacer eso por ti. Nadie puede ser eso para ti. Todos somos inocentes de no poder darte la completud que necesitas.
Cuando miramos más allá del relato, todo el mundo está perdonado, en el verdadero sentido de la palabra. Todos aquellos que te han decepcionado por no haber estado a la altura de las expectativas que tenías de ellos están perdonados: tu padre, tu madre, tu hermana, tu hermano, tu amigo, tu amante, tu maestro espiritual. No podían completarte; estaban demasiado ocupados intentando completarse a sí mismos. Estaban siendo ellos mismos a la perfección. No estaban siendo a la perfección lo que tu necesitabas. No te estaban completando a la perfección a ti. Lo único que queda es GRATITUD… hacia la gente que amas, hacia la gente a la que no soportas, hacia la gente que te aburre mortalmente, hacia cada persona que jamás haya entrado en tu vida, hacia todas y cada una de las personas que hayan entrado o salido de tu vida. Todos ellos desempeñan sus papeles a la perfección. Entran en el momento oportuno; salen en el momento oportuno. La obra está coreografiada magistralmente. Y todo ello es una gigantesca invitación a que veas lo que hay detrás del mecanismo de la búsqueda y vuelvas a casa…, una invitación a que veas, a que veas de verdad lo que hay aquí, más allá de lo que imaginas que hay más allá de lo que sueñas que hay, más allá de lo que piensas que debería o no debería haber aquí. Como puedes imaginar, el universo suspira aliviado cada vez que se reconoce la realidad verdadera del momento presente.
¡Y gracias a Dios que nunca te completaron!, porque te hicieron darte cuenta de que nadie te puede completar, te hicieron contemplar la posibilidad de que quizá nadie pueda completarte porque ya estás completo.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Nadie tiene el poder de completarte…

En realidad lo más bello del mundo, es comprender que nadie puede ser quien tú necesitas o quieres que sea para ti. Nadie tiene el poder de completarte. Nadie puede hacer eso por ti. Nadie puede ser eso para ti. Todos somos inocentes de no poder darte la completud que necesitas.
Cuando miramos más allá del relato, todo el mundo está perdonado, en el verdadero sentido de la palabra. Todos aquellos que te han decepcionado por no haber estado a la altura de las expectativas que tenías de ellos están perdonados: tu padre, tu madre, tu hermana, tu hermano, tu amigo, tu amante, tu maestro espiritual. No podían completarte; estaban demasiado ocupados intentando completarse a sí mismos. Estaban siendo ellos mismos a la perfección. No estaban siendo a la perfección lo que tu necesitabas. No te estaban completando a la perfección a ti. Lo único que queda es GRATITUD… hacia la gente que amas, hacia la gente a la que no soportas, hacia la gente que te aburre mortalmente, hacia cada persona que jamás haya entrado en tu vida, hacia todas y cada una de las personas que hayan entrado o salido de tu vida. Todos ellos desempeñan sus papeles a la perfección. Entran en el momento oportuno; salen en el momento oportuno. La obra está coreografiada magistralmente. Y todo ello es una gigantesca invitación a que veas lo que hay detrás del mecanismo de la búsqueda y vuelvas a casa…, una invitación a que veas, a que veas de verdad lo que hay aquí, más allá de lo que imaginas que hay más allá de lo que sueñas que hay, más allá de lo que piensas que debería o no debería haber aquí. Como puedes imaginar, el universo suspira aliviado cada vez que se reconoce la realidad verdadera del momento presente.
¡Y gracias a Dios que nunca te completaron!, porque te hicieron darte cuenta de que nadie te puede completar, te hicieron contemplar la posibilidad de que quizá nadie pueda completarte porque ya estás completo.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Eres reflejo de los otros…

¿Crees que quien esté auténticamente en paz con su propia experiencia, quien reconozca la más profunda aceptación en cada pensamiento, sentimiento y sensación…, crees que esa persona de verdad sentirá la necesidad de arremeter contra el mundo? ¿Crees que esa persona necesitará de verdad encontrar una forma de liberarse tan dramática y extrema? ¿Crees que alguien que comprende que la vida ha acogido, ha aceptado ya profundamente todos los aspectos de su experiencia —cada pensamiento, cada sonido, cada sensación, cada sentimiento— va a sentir la necesidad de lanzarse desesperadamente a la caza de la completitud? ¿Crees que va a sentir la necesidad de destruir el mundo que lo rodea para encontrar aquello que pueda completarle? ¿Crees que hacer daño a otros va a darle lo que anhela?
Cuando ves que otro ser humano es, en esencia, tú mismo, ¿crees realmente que va a darte alguna satisfacción hacerle daño intencionadamente? Cuando ya has dejado de defender una falsa imagen de ti (una imagen que sabes que no está ni siquiera cerca de poder abarcar lo que de verdad eres), cuando ya no ves en ningún otro ser humano una amenaza para esa imagen, ¿crees que vas a sentir la necesidad de atacarle? ¿Crees que la violencia es realmente necesaria cuando ya no temes a la persona que hay delante de ti?

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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La relación verdadera…

Cuando me relaciono contigo como un yo separado con otro yo separado, como un relato con otro, en sentido profundo no hay verdadera intimidad. Represento un rol, y tú otro. Yo hago de hijo y tú, de padre, con todas las expectativas y exigencias que ambas palabras llevan implícitas. Hago de hija y tú, de madre. Hago de hermana y tú, de hermano. Hago de gurú y tú, de discípulo. Hago de «mí» y tú, de «ti». Me identifico con mi papel e intento relacionarme contigo, que eres asimismo tu papel. Me atengo a mi guión y tú te atienes al tuyo.
Pero cuando me relaciono contigo, no como un yo separado, sino como el espacio plenamente abierto en el que todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones aparecen y se desvanecen, es posible la verdadera intimidad. Nos encontramos, sin historia, espacio abierto con espacio abierto, y ese es el principio de la relación verdadera, no de la relación de un relato con otro, no del encuentro de dos imágenes, sino el encuentro de dos campos de ser, dos campos abiertos en los que se permite que todos los pensamientos, relatos, sentimientos, sonidos y sensaciones vayan y vengan. En realidad no son dos campos abiertos que se reúnen, pero por el momento es una forma práctica de expresarlo. En última instancia, no hay palabras que puedan captar esa intimidad. Toda forma de lenguaje es solo temporal, en este lugar que está más allá de las palabras.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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