Liberar el Rehén…

Liberemos el rehén preso en nosotros; tal vez nuestras cabezas tengan sus planes y calendarios, pero la impronta de nuestras vidas se encuentra codificada en nuestros corazones y en nuestras almas. El amarnos y nutrirnos la libera.
Hay una fuerza increíble en la frase “no se”, nos libera el cerebro para que nuestra alma pueda decirnos lo que hemos de hacer. No es necesario que nos esforcemos. Nos encontraremos con nosotros mismos de una manera mágica, fácil y natural, haciendo lo que hemos venido a hacer aquí.
Descubriremos que el objetivo de nuestra alma nos produce alegría, porque es lo que hemos deseado hacer todo el tiempo.
A veces, en un segundo, recordamos que hemos venido a hacer en este mundo. No tenemos que esforzarnos mucho para recordar; la clave es relajarse, sentir y limpiar las emociones para que podamos recordar los sueños que yacen enterrados. No tenemos que luchar para encontrar nuestro destino. Alimentemos y eduquemos nuestra alma y dejemos que el destino nos encuentre. Hay que ir despacio. Recordemos lo que el alma desea hacer en los momentos de tomar las grandes decisiones de nuestra vida. Respetemos también lo que el alma desea hacer en las cosas pequeñas, en los detalles cotidianos; dejemos que nos conduzca al hogar.
Muchas personas buscan incansablemente que se produzca el gran acontecimiento, la gran revelación, la gran introspección que habrá de cambiar su vida. Queremos ganar la lotería, pero el “billete ganador” ya lo tenemos en la mano.

(Melody Beattie).

Anhelar el regreso al “Hogar”…

Sentimos la imperiosa necesidad de marcharnos de casa en busca de lo que quiera que sea que nos haga sentirnos completos, pero sentimos la misma necesidad imperiosa de regresar. Después de un largo día, agotador, de guardería o de oficina, lo único que queremos es volver a casa, volver a estar con nuestra madre, con nuestro padre, con las personas queridas, volver a dormir. De niños, añoramos nuestro hogar cuando estamos lejos demasiado tiempo, lejos de las personas a las que queremos. Cuando alguien muere, decimos que «han vuelto a casa» o han encontrado un nuevo hogar donde poder descansar eternamente, donde poder, al fin, descansar en paz.
A lo largo de toda la historia humana, la búsqueda del hogar se ha expresado en todas y cada una de las facetas de nuestra vida: en nuestro arte, nuestra música, nuestra ciencia, nuestras matemáticas, nuestra literatura, nuestra filosofía, nuestra implacable búsqueda de amor, nuestra espiritualidad. La búsqueda del hogar nace de lo más profundo de la mente humana.

En el arte, la interacción del buscador y lo buscado, el primer plano y el fondo, la luz y la sombra, el espacio positivo y negativo crea tensión, drama. Un chiste busca el golpe de efecto; una frase busca completitud. Es nuestro inherente anhelo de resolución lo que hace que una obra de arte, un chiste, una frase sean tan atrayentes, tan dramáticos, tan satisfactorios. Quizá sea el mismo anhelo que ha llevado a los matemáticos, filósofos y físicos, durante toda la historia humana, a buscar algún tipo de gran teoría unificada y omnímoda de la realidad, integridad en el caos, amor en medio de la devastación, una conclusión cósmica. Según nos cuentan, incluso el universo se expande y se contrae, buscando de algún modo el equilibrio, buscando el hogar. Todo anhela entrar en reposo.
El hogar no es un sitio, una cosa ni una persona. Es descanso. Originariamente, la palabra «hogar» significa «descansan» o «yacer».

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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El Océano de la vida…

Cuando se ha olvidado nuestra verdadera naturaleza como el océano, un miedo básico de la vida surge, el miedo a las olas, que ahora son vistos como “otro”, y hay una actitud contraída ante la vida, con la ilusión de un separado “yo” en su núcleo, y éste es el origen de todo nuestro sufrimiento y la búsqueda, tanto personal como global.
Sin embargo, cada momento es una invitación a recordar, que a pesar de las olas de la conciencia pueden subir y bloquear, en las profundidades del océano vive la profunda paz y el silencio de sí mismo. Silencio y complicidad.

(Jeff Foster de su Libro Reflexiones).

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Las sensaciones no son tus enemigas…

La vida está en movimiento, y el pensamiento siempre se esfuerza por alcanzarla. La vida precede al pensamiento. En este sentido, ¡todo pensamiento es un añadido a posteriori!
Así que regresa a estas olas de experiencia, regresa a lo que llamas dolor, y fíjate en que no es sólido, sino que de hecho consiste en toda clase de olas más pequeñas, toda clase de sensaciones cambiantes, que fluctúan, que danzan. En el instante que llegas a una conclusión sobre una sensación, en cierto sentido has dejado de ver y de sentir, de sentir de verdad, lo que hay aquí; has entrado en un relato mental sobre tu experiencia. Así que vuelve a lo que está sucediendo realmente y mira de nuevo.
Deja a un lado la conclusión de que eso que experimentas ahora se llama dolor, y redescubre lo que es en realidad. ¿Cómo son en realidad esas sensaciones a las que llamas dolor? Siéntelas…, realmente siéntelas hasta el fondo. Préstales una atención directa y afectuosa, sin esperar que cambien en modo alguno ni intentar hacerlas desaparecer. Encuéntrate con lo que hay aquí sin esperanza. ¿Son estáticas las sensaciones, son sólidas, fijas, o se mueven y danzan en la experiencia presente? ¿Cómo se mueven? ¿Lo hacen rápido o despacio? ¿A dónde van? Síguelas. ¿Da la impresión deque vayan en una dirección determinada, o en todas las direcciones a la vez? ¿Viajan en pequeños círculos, suben y bajan, van de lado a lado, o entran y salen? ¿Tienen bordes afilados, como pequeñas cuchillas, o son más bien blandas, redondeadas, dúctiles?
¿Sientes que son profundas, o superficiales? ¿Tienen distintas texturas o algún diseño que se repita? ¿Son ásperas, suaves, irregulares, tienen protuberancias, pinchan? ¿Vibran, golpean con fuerza, aletean con irregularidad, tiemblan, se ondulan, oscilan, se sacuden, laten o palpitan? ¿Tienen ritmo? ¿Tienen temperatura? ¿Sientes que están ardiendo, calientes, templadas, frías o heladas? ¿Están confinadas en cierta área, constreñidas de algún modo, encerradas, o fluyen libremente, como el agua? ¿Son sensaciones semilíquidas, líquidas, duras, gruesas, descoloridas, viscosas, puntiagudas, delicadas? ¿Hay algún color, forma o sonido asociado a ellas? ¿Son rojas, moradas, anaranjadas, amarillas, verdes? ¿Son negras, blancas o transparentes? ¿Son circulares, cuadradas, triangulares, elípticas o de alguna forma totalmente distinta? ¿Cantan, chillan, emiten un zumbido, o están en silencio? ¿Son tímidas o confiadas? ¿Parecen jóvenes o viejas?

No estés tan seguro de lo que hay aquí; no finjas que lo sabes. Sé siempre un explorador. Entabla siempre una relación íntima con lo que está de verdad presente.
Préstales amorosa atención a estas pequeñas olas, a estas pobres olas que se han visto rechazadas, descuidadas, sin hogar y sin amor durante tanto tiempo, y, cuando lo hagas, fíjate en que a todas se les ha permitido estar aquí. Lo que eres ya las ha dejado entrar, por muy extrañas o desagradables que te parezcan. Las sensaciones no son tus enemigas, por muy intensas que sean.
Cuando traspasas la palabra «dolor» —una palabra que arrastra tal bagaje—, ¿qué es lo que encuentras tú, en tu propia experiencia presente? Nunca encuentras un bulto genérico, inmóvil, estático llamado dolor. El dolor nunca es algo que exista en tu cuerpo; está siempre mucho más vivo.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Nuestro afán por definirnos…

Mucho de nuestro sufrimiento está basado en la idea de que, si sentimos algo durante demasiado tiempo, o con demasiada intensidad, o lo sentimos siquiera, nos convertiremos en ello. Estamos convencidos de que, si de verdad permitimos que el sentimiento esté en nosotros, se nos adherirá y acabará por definirnos. ¡Mucho de nuestro
sufrimiento está basado en lo que, en definitiva, es pura superstición! Solo porque te sientas fracasado no significa que seas un fracasado. Solo porque te sientas feo no significa que seas feo. Solo porque te sientas una ola, no significa que la ola pueda definirte.
En nuestro afán por definirnos, por distinguirnos de los demás, por mantener en pie un relato coherente sobre quiénes somos, lo que acabamos haciendo es no permitirnos albergar sentimientos que se contrapongan a la imagen o el relato de nosotros mismos que intentamos mantener.Decimos: «Este sentimiento es yo» o «Este sentimiento no es yo». Si la imagen que tengo de mí es la de una persona guapa, atractiva, no voy a permitir que entre una ola fea; esa ola sencillamente no concuerda con cómo quiero verme a mí mismo y con cómo quiero que tú me veas. Si me siento feo, empiezo a sentir que algo no va bien…, que hoy no «me siento a mí mismo». O si tengo la idea de que soy un triunfador, no voy a permitir que entre la ola del fracaso. No concuerda con la idea que tengo de mí. No me puedo permitir sentirme fracasado. Si tengo la imagen de que soy una persona fuerte y quiero que otros me vean así, no me puedo permitir sentirme débil.
No puedo permitir que entre en mi experiencia ninguna idea que ponga en peligro la idea que tengo de mí mismo.
Si de verdad tuviéramos algún control sobre las olas que aparecen, podríamos impedirles la entrada a todas aquellas que no respalden nuestro relato de nosotros mismos. Pero la realidad es que el océano de la vida no está bajo nuestro control. A pesar de todos nuestros esfuerzos, los pensamientos v sentimientos que no deseamos siguen apareciendo. Intentamos desterrar las olas feas, temerosas, dolorosas, perturbadoras; las olas de fracaso, de debilidad, de «energía negativa»; las olas «oscuras», y descubrimos finalmente que no es posible; Aparecen de todos modos. No podemos cerrarle el paso a la mitad del océano. El océano de la vida es salvaje y libre, y no se puede domar ni reprimir.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 24 de Agosto

Por debajo de nuestros roles, por debajo de todas las imágenes que tenemos de nosotros, aunque seamos reyes o vasallos, santos o pecadores, ¿acaso no somos todos simplemente este íntimo espacio abierto de consciencia? ¿Acaso no somos todos simplemente idénticos a este momento?
Como espacio abierto, de hecho me resulta muy difícil decir nada sobre mí mismo. Es muy complicado contar un relato sobre una identidad permanente, cuando me doy cuenta de que aquí, en el espacio abierto de la percepción consciente, todo está constantemente cambiando. Los pensamientos aparecen y desaparecen. Aparecen y desaparecen los sentimientos. Sensaciones, sonidos, olores y sabores de todas las clases vienen y van. Aquí, todo está vivo, siempre en movimiento. Tendría que pulsar el botón de pausa en este paisaje eternamente cambiante para poder empezar a contar un relato
inmutable de mí mismo. Necesitaría inmovilizar de algún modo el río de la vida, fijar este momento, señalarlo v decir: «Este sentimiento, este pensamiento… ¡esto soy yo!». Pero la belleza de la vida radica en que no se puede inmovilizar ni fijar. Existe en constante movimiento, en una danza eterna. El río de la vida no lo puede parar nadie.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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