Pensamiento del Dia: 28 de Febrero

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INTENTAMOS con todas nuestras fuerzas controlar los pensamientos, ¿verdad? Tratamos de tener pensamientos positivos, afectuosos, generosos, compasivos, espirituales, y desterrar los malos pensamientos, los perversos, destructivos, egoístas, violentos y pecaminosos. Hay pensamientos que consideramos incluso impensables. No debo pensar en matar. No debo tener malos pensamientos sobre las personas a las que quiero. No debo juzgar. No debo pensar en el sexo. No debo pensar en lo que sucederá en el futuro. No debo tener pensamientos negativos. No debo pensar demasiado. No debo hacer caso de mis pensamientos. Debo estar iluminado, y libre de todo pensamiento.
Intentar controlar los pensamientos —intentar controlar las olas del océano— acabará generando en última instancia un inmenso sufrimiento, ya que tal intento está basado en una idea ilusoria de quién eres. Si alguna vez has meditado durante más de cinco segundos, probablemente te hayas dado cuenta de que los pensamientos no están bajo tu control. Ni siquiera puedes saber cuál será el pensamiento siguiente, no hablemos ya de los de mañana. Los pensamientos aparecen libremente en el vasto espacio de la vida; pasan flotando por la pantalla de la consciencia como las nubes en el cielo. E incluso en mitad de los más ruidosos pensamientos, hay algo aquí que está totalmente en silencio…, algo que está profundamente en paz. Es lo que eres. Y lo que eres observa todos esos pensamientos que vienen y van. Permite que todos los pensamientos vayan y vengan. No puedes saber cuál será el próximo pensamiento. Ni siquiera tienes la facultad de no pensar en algo. Cuando intentas no pensar en algo, ¿qué sucede? Que ese pensamiento, esa imagen, aparece; tiene que aparecer. No puedes no pensar en ello. El simple hecho de que sepas en qué no deberías pensar significa que ese pensamiento ya ha aparecido, ¡incluso aunque no quieras admitirlo ante ti mismo ni ante nadie!

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 27 de Febrero

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Quizá todavía no reconozcas que ya estás completo. Quizá verdades espirituales tan bellas e inspiradoras como «ya estás completo» y «solo hay Unidad» aún te parezcan simplemente bellas e inspiradoras palabras, y todavía no sean
para ti una realidad experiencial, viva. Quizá todavía estés batallando con tus sentimientos, con el dolor, las adicciones y los conflictos de pareja. Quizá todavía estés buscando respuestas, amor, aprobación, la iluminación… Quizá aún estés esperando la paz, todavía anheles encontrar una manera de vivir en este mundo que tenga más sentido, en la que haya más amor, que sea más auténtica. Quizá, aunque creas que no estás separado de la vida, todavía te sientas separado de la vida.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 26 de Febrero

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La armadura que nos hemos puesto para protegernos de una plena experiencia de la vida se llama «yo individual»; pero en realidad no nos protege de nada, solo nos mantiene cómodamente anestesiados.
El despertar espiritual —el darnos cuenta de que no somos quienes creemos ser— es la respuesta a este problema básico de la humanidad. Hoy en día existen innumerables libros sobre el tema, y al parecer se descubren constantemente enseñanzas antiguas a las que hasta hace muy poco solo había tenido acceso una minoría selecta.
Pero cuidado, porque también aquí hay trampa: la espiritualidad puede convertirse fácilmente en una capa más de nuestra armadura y, en vez de favorecer nuestra apertura a la vida, desconectarnos todavía más. Muchos conceptos y tópicos espirituales como «el yo no existe», «este no es mi cuerpo» o «la dualidad es pura ilusión» pueden no ser más que nuevas creencias a las que aferramos,nuevas maneras de eludir la vida y apartarnos del mundo que acaben generando un sufrimiento aún mayor, a nosotros y a nuestros seres queridos.
El despertar espiritual no tiene nada que ver con que estés más protegido; tiene que ver con que te des cuenta de que el ser que de verdad eres no necesita protección, de que el ser que de verdad eres es tan receptivo, tan libre, rebosa hasta tal punto de amor y profunda aceptación que permite que la vida en su totalidad penetre en él. La vida no puede hacerte daño, puesto que eres la vida. Por lo tanto, el momento presente no es un enemigo al que debas temer, sino un querido amigo al que abrazar. Así es, la verdadera espiritualidad no refuerza la armadura con la que te proteges de la vida; la destruye.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 21 de Febrero

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Pero hasta que entendamos lo que ocurre en el nivel más básico de una relación, hasta que comprendamos el mecanismo de la búsqueda y hasta que seamos capaces de identificar la dinámica que es causa de nuestra falta de sinceridad y de nuestra desconexión en primer lugar, no podremos ser verdaderamente sinceros; solo fingiremos que lo somos. Quiero que veamos lo que es la verdadera sinceridad, la verdadera honestidad, y la relación que tiene con la búsqueda.
Si preguntamos qué es lo más importante en una relación, mucha gente dirá que la sinceridad. Comunicar lo que de verdad piensas y cómo te sientes realmente, ser auténtico, vulnerable y profundamente humano en tus interacciones se considera la manera más saludable de vivir. Y a mí me gustaría objetar a esto que, cuando buscamos algo, no podemos ser verdaderamente sinceros, por mucho que lo intentemos.
¿Quieres contarle la verdad, admitir lo que realmente es verdad para ti, a tu pareja, a tu amigo, a tu madre, a tu padre? Estupendo. Pero mientras busques algo de ellos —ya sea amor, aprobación, aceptación o seguridad— o simplemente quieras que piensen bien de ti, siempre intervendrá el miedo, el miedo a perder. En pocas palabras, mientras estés buscando, siempre vas a jugarte una pequeña treta a ti mismo y a jugársela a los demás, aunque no te des cuenta. Secretamente, adaptas tu comportamiento, cambias lo que dirías, escondes lo que sientes en realidad, vas con cuidado, para asegurarte de que seguirán dándote lo que quieres. Ocultas lo que realmente piensas, lo que realmente sientes, para no perderlos y, de ese modo, no perder la posibilidad de completarte.
Empiezas a representar un papel, en vez de relacionarte. Te relacionas como imagen con otra imagen, y no como espacio abierto con el espacio abierto…, y tus relaciones pueden acabar pareciéndote incompletas e insatisfactorias.
Suena bastante dramático todo esto, y tal vez respondas: «No, ¡qué va!, es demasiado exagerado. Yo no creo que busque completitud en mi pareja. Y no represento ningún papel, ¡soy yo mismo!». Ya, pero esta búsqueda puede adoptar formas muy sutiles; puede existir aunque no seas consciente de ella. La cuestión es que no percibimos directamente nuestra búsqueda de amor, solo experimentamos los efectos secundaríos de la búsqueda, es decir, la tensión en las relaciones, la falta de sinceridad de nuestra pareja, la frustración o la ira que nos provoca, el sentimiento persistente de que la otra persona no es quien queremos que sea o quien pensamos que debería ser. Muchas veces, la búsqueda se percibe como un sentimiento de desconexión… de los demás, de la vida en sí. La verdad es que, si hay conflicto en tus relaciones, probablemente busques algo de tu pareja —o de tu amigo, tu padre, tu madre, tu hermana, tu hijo, tu jefe, tu terapeuta o tu maestro— sin darte cuenta de ello. La clave está en ser sincero en todo momento sobre lo que buscas, y esa sinceridad siempre empieza y termina en ti.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 20 de Febrero

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La aceptación no es un estado que se deba alcanzar en el futuro. No es algo que hayamos de buscar, esperar, anhelar, suplicar. No es un logro personal ni algo que llegue tras años de esfuerzos. No es un acontecimiento mágico, una transformación de la consciencia ni un cambio energético que se producirá algún día. No es una tarea ni el trabajo espiritual que has de desempeñar con disciplina. Es algo que has de redescubrir justo en mitad de tu experiencia presente, aquí y ahora, esté ocurriendo lo que esté ocurriendo. La aceptación no es una meta futura, sino una realidad presente, siempre. Si es la gracia, entonces es una gracia siempre presente, al alcance de todos, todo el tiempo.
Esta definición revoluciona totalmente la idea que tenemos de la aceptación y el rechazo. La aceptación ya no depende de mí, un individuo separado que intenta aceptar, que intenta vivir en un estado de constante aceptación, que intenta alcanzar la aceptación como una meta futura, que intenta estar a la altura de un inalcanzable ideal de aceptación que los maestros espirituales y los gurús han fomentado, y que no es sino otra forma de búsqueda. La aceptación consiste en reconocer que eres el espacio abierto de la aceptación, el océano que acepta de antemano todas sus olas, incondicionalmente, aquí y ahora…, incluida cualquier ola de no aceptación.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 17 de Febrero

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¿Percibes el mundo como si estuviera dentro de algo, de algo llamado mente? ¿Dónde se encuentra, con exactitud, esa mente dentro de la cual se supone que está el mundo? ¿Y de quién es esa mente? ¿Mía? ¿Qué es «mía» en la experiencia directa?
Cuando miro de manera nueva, ahora mismo, lo que vuelvo a encontrar es que aparecen pensamientos, aparecen olores, aparecen sonidos, aparecen sentimientos — todos en el espacio abierto que soy—, pero no hay ninguna prueba de que lo hagan dentro de algo diferente llamado mente. No encuentro ninguna prueba de que algo llamado mente esté produciendo todo lo que se piensa, se ve, se huele, se oye o se siente.
No encuentro ninguna prueba de que estas olas de experiencia provengan de una mente ni de alguna otra cosa o lugar. Solo puedo decir que no encuentro algo como la mente —fuera del pensamiento que surge en el presente—. El pensamiento dice: «Hay una mente separada», pero no es más que un pensamiento que aparece. De niño, aprendí que «tengo» una mente. Pero ¿es verdad?
Lo único que encuentro cada vez que miro es la experiencia presente. No encuentro ni pasado ni futuro, sino ahora, y si acaso encuentro pasado y futuro, se trata de recuerdos e ideas que aparecen ahora. Todo es ahora.Y lo que encuentro ahora es que la experiencia no está ni dentro ni fuera de mí.
Sencillamente, aquí no encuentro ni dentro ni fuera; lo único que hay es intimidad total con todo lo que aparece. La experiencia no está contenida dentro de nada, ni encuentro ninguna prueba de que esté fuera de nada.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 14 de Febrero

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La gran libertad reside en afrontar sin miedo la oscuridad y ver, finalmente, que es inseparable de la luz. Reside en reconocer que lo que siempre habías buscado estaba oculto incluso en tus miedos más terribles.Parafraseando a Thomas Hardy, si hay un camino hacia algo mejor, está en mirar con los ojos bien abiertos lo peor… y encontrar en ello la más profunda aceptación.
Cuando entiendes cómo se manifiesta en ti el sufrimiento, entiendes de inmediato cómo se manifiesta en todo el resto de la gente. Solemos conceder tanta importancia a nuestras diferencias individuales que somos incapaces de ver que, en lo fundamental, somos todos iguales. Todos sufrimos, y todos buscamos una manera de salir del sufrimiento, como Buda enseñó. Cuando descubres y entiendes la mecánica del sufrimiento en ti mismo, desarrollas una profunda compasión por el sufrimiento ajeno…, compasión en el verdadero sentido, en el sentido de compassio, literalmente «sufro con».
Cuando considero que el dolor es mío, me pierdo en mi burbuja de sufrimiento personal y me siento desconectado de la vida, aislado y solo con mi desdicha. Pero más allá de la historia personal de mi sufrimiento, descubro que el dolor no es en realidad mi dolor. Es el dolor del mundo. Es el dolor de la humanidad. Cuando pierdo a mi padre, la aflicción que siento no es mi aflicción, sino la aflicción de todo hijo; sufro por, y con, cada hijo que haya perdido a su padre. Cuando mi pareja me abandona, soy cualquiera que haya perdido a alguien a quien amaba. En los más íntimos recesos de la experiencia presente, descubro que yo soy el universo que con tanto ahínco intento salvar; descubro que yo soy la compasión que tanto me esfuerzo por representar fuera, en el mundo; descubro que yo soy todas las demás personas con las que tanto anhelo tener contacto. En las profundidades de lo personal, en medio de las experiencias más intensamente dolorosas e íntimamente personales, descubro la verdad impersonal de la existencia, y en ese momento soy libre. Muchas enseñanzas espirituales hablan de escapar de lo personal y alcanzar cierto estado impersonal en un futuro, pero, como veremos en este libro, lo personal y lo impersonal son íntimamente uno, y no se pueden dividir así. La división es precisamente la raíz de todo el sufrimiento y el conflicto.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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