Crear el camino andando…

Una cosa: tienes que andar y crear el camino andando; no encontrarás un camino ya hecho. No es barato alcanzar a la mayor realización de la verdad. Tendrás que crear el camino andando tu solo; el camino no esta ya hecho esperándote. Es justo como el cielo: los pájaros vuelan pero no dejan huellas. No los puedes seguir; no hay huellas detrás.

(Osho).

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Liberar el Rehén…

Liberemos el rehén preso en nosotros; tal vez nuestras cabezas tengan sus planes y calendarios, pero la impronta de nuestras vidas se encuentra codificada en nuestros corazones y en nuestras almas. El amarnos y nutrirnos la libera.
Hay una fuerza increíble en la frase “no se”, nos libera el cerebro para que nuestra alma pueda decirnos lo que hemos de hacer. No es necesario que nos esforcemos. Nos encontraremos con nosotros mismos de una manera mágica, fácil y natural, haciendo lo que hemos venido a hacer aquí.
Descubriremos que el objetivo de nuestra alma nos produce alegría, porque es lo que hemos deseado hacer todo el tiempo.
A veces, en un segundo, recordamos que hemos venido a hacer en este mundo. No tenemos que esforzarnos mucho para recordar; la clave es relajarse, sentir y limpiar las emociones para que podamos recordar los sueños que yacen enterrados. No tenemos que luchar para encontrar nuestro destino. Alimentemos y eduquemos nuestra alma y dejemos que el destino nos encuentre. Hay que ir despacio. Recordemos lo que el alma desea hacer en los momentos de tomar las grandes decisiones de nuestra vida. Respetemos también lo que el alma desea hacer en las cosas pequeñas, en los detalles cotidianos; dejemos que nos conduzca al hogar.
Muchas personas buscan incansablemente que se produzca el gran acontecimiento, la gran revelación, la gran introspección que habrá de cambiar su vida. Queremos ganar la lotería, pero el “billete ganador” ya lo tenemos en la mano.

(Melody Beattie).

Anhelar el regreso al “Hogar”…

Sentimos la imperiosa necesidad de marcharnos de casa en busca de lo que quiera que sea que nos haga sentirnos completos, pero sentimos la misma necesidad imperiosa de regresar. Después de un largo día, agotador, de guardería o de oficina, lo único que queremos es volver a casa, volver a estar con nuestra madre, con nuestro padre, con las personas queridas, volver a dormir. De niños, añoramos nuestro hogar cuando estamos lejos demasiado tiempo, lejos de las personas a las que queremos. Cuando alguien muere, decimos que «han vuelto a casa» o han encontrado un nuevo hogar donde poder descansar eternamente, donde poder, al fin, descansar en paz.
A lo largo de toda la historia humana, la búsqueda del hogar se ha expresado en todas y cada una de las facetas de nuestra vida: en nuestro arte, nuestra música, nuestra ciencia, nuestras matemáticas, nuestra literatura, nuestra filosofía, nuestra implacable búsqueda de amor, nuestra espiritualidad. La búsqueda del hogar nace de lo más profundo de la mente humana.

En el arte, la interacción del buscador y lo buscado, el primer plano y el fondo, la luz y la sombra, el espacio positivo y negativo crea tensión, drama. Un chiste busca el golpe de efecto; una frase busca completitud. Es nuestro inherente anhelo de resolución lo que hace que una obra de arte, un chiste, una frase sean tan atrayentes, tan dramáticos, tan satisfactorios. Quizá sea el mismo anhelo que ha llevado a los matemáticos, filósofos y físicos, durante toda la historia humana, a buscar algún tipo de gran teoría unificada y omnímoda de la realidad, integridad en el caos, amor en medio de la devastación, una conclusión cósmica. Según nos cuentan, incluso el universo se expande y se contrae, buscando de algún modo el equilibrio, buscando el hogar. Todo anhela entrar en reposo.
El hogar no es un sitio, una cosa ni una persona. Es descanso. Originariamente, la palabra «hogar» significa «descansan» o «yacer».

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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El Océano de la vida…

Cuando se ha olvidado nuestra verdadera naturaleza como el océano, un miedo básico de la vida surge, el miedo a las olas, que ahora son vistos como “otro”, y hay una actitud contraída ante la vida, con la ilusión de un separado “yo” en su núcleo, y éste es el origen de todo nuestro sufrimiento y la búsqueda, tanto personal como global.
Sin embargo, cada momento es una invitación a recordar, que a pesar de las olas de la conciencia pueden subir y bloquear, en las profundidades del océano vive la profunda paz y el silencio de sí mismo. Silencio y complicidad.

(Jeff Foster de su Libro Reflexiones).

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La singularidad…

La verdadera felicidad no tiene nada que ver con hacer que todo sea perfecto, ni negar las imperfecciones de las cosas. A menudo las imperfecciones que hacen que algo o alguien tan adorable, tan hermosa, tan memorable, y aún así inolvidable. A menudo los pequeños caprichos, los hábitos y las imperfecciones que recordamos tan bien cuando alguien que amamos pasa. Tal vez en lugar de “imperfección”, deberíamos hablar de “singularidad”.
La verdadera felicidad, más allá el concepto de la mente de la felicidad, tiene que ver con que abraza todas las pequeñas imperfecciones o singularidades de la vida, al ver la perfección inherente en ellos, frente a las cosas como realmente son y que termina nuestra guerra básica con la existencia, una existencia que estábamos nunca separarse en el primer lugar. Y paradójicamente, cuando salimos de la mentira, y de hecho se abraza la presente singularidad en lugar de luchar contra ella, podemos empezar a encontrar soluciones inteligentes y muy creativas a los problemas anteriormente insuperables. La brecha imperfecto/perfecto ilusorio se desvanece, y no sólo la vida en toda su brillantez cruda, indivisible e inmutable y sin embargo totalmente único en cada momento …

(Jeff Foster de su Libro Reflexiones).

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