Pensamiento del Dia: 21 de Junio

La pregunta que tienes que hacerte a ti mismo es siempre: ¿cuál es mi verdad en este momento? Dicho de otro modo: ¿qué pienso y siento realmente ahora mismo?
¿Puedo simplemente admitir lo que aparece en la experiencia presente? ¿Puedo empezar, al menos, a admitir estos pensamientos, estas sensaciones, estos sentimientos, por mucho que no los quiera admitir, por mucho que hagan peligrar la imagen que tengo de mí?
¿Puede considerarse entonces que lo que admita ya está admitido en la experiencia presente? ¿Es posible simplemente percibir, ahora mismo, que estas olas ya se han admitido en el océano…, que lo que soy ya ha dicho sí a este momento, que la aceptación que busco ya está aquí?

Si de verdad he de aceptar este momento, como muchas enseñanzas espirituales me dicen que haga, debo aceptar todo —sencillamente todo— lo que aparece justo ahora.
Y en ese «todo» podría estar incluida cualquier resistencia a aceptar o no aceptación que aparezca justo ahora. Desde el punto de vista del océano, todas las olas están aceptadas, incluidas las que no nos gustan o no queremos en este momento. La aceptación no tiene porqué ir acompañada de una sensación bonita o tener una apariencia agradable. La verdadera aceptación va más allá de todas las ideas que tengamos sobre la apariencia que debería tener. La verdadera aceptación es lo que eres en esencia; es eso que permite que este momento sea exactamente como es. Lo que eres acepta incluso lo inaceptable. Es una aceptación radical.
Recuerda: Admitir lo que aparece en la experiencia presente —es decir,; percibir simplemente y sin ningún esfuerzo que estos pensamientos, estas sensaciones, estos sentimientos están presentes aquí y ahora— es percibir que lo que eres ya ha admitido estos pensamientos, sentimientos y sensaciones aquí, en este momento, ¡incluso aunque no quieras admitirlos porque ponen en peligro una imagen de ti.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 20 de Junio

La Aceptación de la que hablo no significa creer siempre que estás equivocado y darles la razón a los demás. Aceptación profunda no equivale a pasividad; no significa ni ocultar tu punto de vista ni fingir que no lo tienes, para parecer amable o espiritual, o no parecer crítico. (¡El mayor juicio es juzgar que todos los juicios son malos!) Desde este lugar de profunda aceptación, puedo responder a tu experiencia con autenticidad y con pasión. Pero mi respuesta no proviene del lugar que piensa: «¡Cómo te atreves a decir o a pensar eso!»; no proviene ya del lugar donde te retiro mi afecto, donde mentalmente te castigo por pensar o sentir lo que piensas o sientes, donde ya he decidido que estás equivocado. No es ya una reacción, una defensa automática de una imagen de mí que siento amenazada. Es una respuesta en el verdadero sentido de la palabra. Simplemente respondo a este momento tal como aparece, a la vida tal como es, y no a la vida como pensaba o confiaba en que sería. Respondo a lo que realmente está ocurriendo ahora desde un lugar de profunda aceptación y sin buscar nada con esa respuesta. Esto es verdadera responsabilidad, habilidad de responder…, habilidad de responder desde más allá de la imagen. El final del conflicto reside, no en reaccionar, sino en esta responsabilidad total, que aflora cuando descubrimos la más profunda
aceptación en este momento.
«Ama a tus enemigos», como dijo Jesús. En otras palabras: deja que tu enemigo te despierte, antes que nada, del sueño de que tienes un enemigo. Pídele a tu enemigo que te muestre la falsa imagen de ti que todavía defiendes.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 19 de Junio

Cuando de verdad escuchas a alguien, cuando de verdad escuchas su perspectiva, su punto de vista, las palabras que expresan su experiencia de la vida, su relato sobre lo que ha percibido en su mundo, siempre puedes descubrir alguna verdad en lo que dice, por muy provocadoras, intimidatorias, extrañas, extremas o absurdas que parezcan sus opiniones en un principio. No significa que estés de acuerdo con ellas. No significa que apruebes su comportamiento. No significa que ese alguien sea ahora tu mejor amigo y que salgáis los dos juntos a tomar cervezas cada fin de semana. Significa simplemente que encuentras un atisbo de verdad en lo que dice, y eso, en el momento, es el final del conflicto psicológico. Nunca he conocido a nadie con quien no pudiera encontrarme en algún nivel, por muy en desacuerdo que estuviera con lo que esa persona decía, por mucho que su intención fuera destruirme (al personaje del relato de «mí»).
Cuando reconozco quién soy realmente, veo que no hay pensamiento, sentimiento ni emoción que sean ajenos a mí en el nivel más profundo, así como no hay ola que sea ajena al océano; y por eso siempre hay un lugar donde conectar, incluso con aquellos que parecen estar totalmente fuera de nuestro alcance. Como dice Ken Wilber: «Nadie es capaz de producir el cien por cien de errores; nadie es lo bastante listo como para equivocarse todo el tiempo». No hay ningún pensamiento que puedas tener que yo no pueda. No hay nada que puedas sentir que yo no pueda. Fundamentalmente, no eres distinto de mí; no es posible. La totalidad de la consciencia humana pasa por nosotros, así que siempre podemos encontrarnos en algún lugar…, aunque se tarde un rato en dar con él.
Mira, de una manera muy misteriosa, tus pensamientos son mis pensamientos; tus sentimientos son mis sentimientos. Cualquier pensamiento y cualquier sentimiento forman parte del río de la consciencia humana que fluye a través del espacio abierto que soy, que eres. Por eso, ningún aspecto de la consciencia humana es inalcanzable, ajeno ni inhumano. Si eres un ser humano, puedo conectar contigo en algún lugar, incluso aunque cueste en un principio dar con ese lugar de encuentro donde podamos conectar, ese lugar donde ya no estemos en guerra. Incluso aunque suponga tener que acceder a partes de mí mismo que preferiría desterrar.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 9 de Junio

Más allá del relato de «nosotros», más allá del sueño, más allá de nuestras imágenes recíprocas es donde la verdadera relación es realmente posible. Más allá del relato de padre, de hijo, de madre, de hermana, de marido, de novia, de alumno, de maestro… es donde reside la verdadera intimidad. Y la realidad es que siempre nos encontramos más allá del relato. Siempre nos encontramos más allá de la imagen. Lo que soy, lo que eres, es el espacio abierto en el que las imágenes vienen y van. Lo que soy, lo que eres, no puede definirlo ningún relato. Como consciencia, soy lo que tú eres, siempre. Soy lo que tú eres, y eso es amor incondicional.
Cuando me relaciono contigo como un yo separado con otro yo separado, como un relato con otro, en sentido profundo no hay verdadera intimidad. Represento un rol, y tú otro. Yo hago de hijo y tú, de padre, con todas las expectativas y exigencias que ambas palabras llevan implícitas. Hago de hija y tú, de madre. Hago de hermana y tú, de hermano. Hago de gurú y tú, de discípulo. Hago de «mí» y tú, de «ti». Me identifico con mi papel e intento relacionarme contigo, que eres asimismo tu papel. Me atengo a mi guión y tú te atienes al tuyo.
Pero cuando me relaciono contigo, no como un yo separado, sino como el espacio plenamente abierto en el que todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones aparecen y se desvanecen, es posible la verdadera intimidad. Nos encontramos, sin historia, espacio abierto con espacio abierto, y ese es el principio de la relación verdadera…, no de la relación de un relato con otro, no del encuentro de dos imágenes, sino el encuentro de dos campos de ser, dos campos abiertos en los que se permite que todos los pensamientos, relatos, sentimientos, sonidos y sensaciones vayan y vengan. (En realidad no son dos campos abiertos que se reúnen, pero por el momento es una forma práctica de expresarlo. En última instancia, no hay palabras que puedan captar esa intimidad. Toda forma de lenguaje es solo temporal, en este lugar que está más allá de las palabras).

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 25 de Mayo

Todas las preciosas percepciones espirituales que tiene el buscador sobre la completitud y la no existencia son magníficas, pero si esas percepciones no se extienden hasta penetrar en las partes más íntimas de nuestra vida, si no llegan hasta lo más profundo de nuestra experiencia personal, si no conducen a la extinción de la búsqueda en todas sus manifestaciones, seguirán siendo meras palabras. Creer que no tienes un yo o que no eres «nadie» o que todo es Unidad está muy bien, pero ¿qué sucede con esas percepciones cuando tu pareja, tu hijo, tu hija, tu madre o tu padre empiezan a llorar porque se sienten heridos por algo que acabas de decir? ¿No les haces ni caso, porque «están perdidos en un relato dualista»? ¿Les pides que te dejen solo, porque «no hay nadie aquí»? ¿Les dices que lo que han de hacer es iluminarse, como tú, y entonces ya no sufrirán? ¿Te retiras y los obligas a que se vayan a algún sitio a meditar, a indagar en sí mismos, a trabajar consigo mismos hasta que se calmen y lo vean todo con claridad? ¿Les das una conferencia sobre cómo no existe ninguna relación y si piensan lo contrario, es porque «todavía tienen un ego»?
¿O estás abierto —de verdad abierto— a escuchar lo que tengan que decir y a encontrar la más profunda aceptación en tu propia experiencia mientras escuchas?
Cuando ya no buscas nada de ellos, cuando no hay una imagen que defender, cuando te reconoces como espacio abierto, ¿acaso no hay espacio para escuchar sin más? ¿No hay espacio para ver el mundo a través de sus ojos, para descubrir en qué sentido lo que dicen puede ser verdad, para encontrar el lugar donde realmente la otra persona y tú veáis lo mismo? ¿Y no hay también espacio para ser de verdad sincero sobre cómo te sientes en respuesta y para permitirles dar su propia respuesta a eso, incluso aunque no sea la que tú habrías esperado…, incluso aunque dé al traste con tus sueños, tus esperanzas y tus planes, incluso aunque destruya tu preciosa imagen de ti, la que has estado protegiendo toda tu vida? ¿Es posible permanecer abierto, pase lo que pase?

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 23 de Mayo

Esta idea —de que la completud reside «ahí fuera», en el tiempo y el espacio, en el mundo, y de que algunos objetos y personas la tienen y otros no— es la proyección que da fuerzas al buscador para seguir adelante. El buscador debe situar siempre el final de la búsqueda, fuera de sí mismo para poder seguir vivo. El buscador debe proyectar fuentes de un poder invisible en el exterior, en el mundo visible, y luego buscar ese poder.
Desde los albores de la humanidad, hemos proyectado el poder «ahí fuera»: en el sol, en las estrellas, en la naturaleza, en objetos inanimados, en otras personas. Los seres humanos siempre hemos tenido dioses; incluso los ateos son profundamente religiosos en este sentido.
El que busca liberarse de su carga proyecta el poder de liberación en un objeto, de la misma manera que el que busca la iluminación proyecta la propia iluminación en otra persona y el que busca amor centra en otra persona todo su anhelo, otorgándole a ese objeto el aparente poder de completarlo. La consecuencia es que tienes la sensación de que realmente necesitas el objeto, la sensación de que necesitas tu dosis que te «arregle», que necesitas sexo, chocolate, una copa, un cigarrillo, ir a otro satsang o a otro retiro espiritual, estar cerca de tu gurú, cualquiera que sea el objeto del que esperas recibir amor, para volver a estar completo.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 14 de Mayo

Esa es la cuestión, en realidad; que el dolor y la enfermedad hacen trizas nuestros relatos sobre la vida, nuestros relatos sobre tener el control. Cuando sufrimos por un dolor o una enfermedad, lo que realmente hacemos es llorar la muerte de los sueños que teníamos sobre cómo hubiera debido ser todo. Sin esas ideas sobre lo que debía haber ocurrido, sobre lo que debería ocurrir ahora y en el futuro, lo único que hay es lo que es. El paisaje constantemente cambiante de este momento es lo único que jamás tendremos que afrontar en la vida. Y no podemos saber que este momento no sea exactamente como debería ser. No podemos saber que las cosas no hubieran debido ser exactamente como son ahora mismo. No podemos saber que nuestras vidas se hayan desviado de cualquier clase de guión cósmico. No podemos saber que exista en realidad guión cósmico alguno.
Más allá del relato de mi enfermedad, más allá del relato de que mi vida no esté siendo como había planeado que fuera, más allá de lo que debería y no debería ocurrir, aquí estoy en este momento. Respirando. El corazón late. Aparecen sonidos. Danzan toda clase de pensamientos, sentimientos, sensaciones. Tal vez algún dolor. Tal vez algún miedo. Tal vez el sentimiento de que nadie me quiere, el sentimiento de abandono, de inutilidad, de debilidad, de agotamiento, de soledad. ¡Quién sabe qué ola llegará a continuación! El gran descubrimiento es que todo está profundamente aceptado aquí, en este espacio. Lo que en verdad soy acepta siempre profundamente la experiencia presente, incluso cuando lo que sucede me parezca inaceptable ahora mismo. Lo que soy, ya le ha dado permiso para entrar. Lo que soy, ya ha dicho sí a todo ello. Por eso este momento es como es. Las compuertas de la vida están permanentemente abiertas; así que, cuando regreso a la experiencia presente, descubro que este momento nunca es
insoportable —incluso aunque sienta que no puedo soportarlo en este instante—, al igual que ninguna ola le resulta nunca insoportable al océano. Lo que soy lo acoge todo, lo permite todo, lo admite todo; y en ello reside la paz que sobrepasa todo entendimiento incluso en medio del dolor y la enfermedad.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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