Pensamiento del Dia: 15 de Junio

Es muy extraño, pero cuando a los pensamientos violentos se les da permiso total para existir en nosotros, la violencia termina. La verdadera paz no está en guerra con la violencia. La pantalla de cine no tiene preferencias; todas las películas —la positiva, la negativa, la de amor, la violenta—, todas tienen permiso para representarse en la pantalla. Una película violenta no hace a la pantalla ser más violenta. La pantalla nunca se estremece, porque sabe que a todos los pensamientos se les permite proyectarse en ella.
Ninguno de esos pensamientos que rechazamos sería un problema si no tuviéramos tal empeño en dar determinada imagen de nosotros mismos: «Soy una persona pacífica», «Soy una persona positiva», «Soy una persona alegre», «Soy, todo yo, un amoroso ser de luz»… Bien, ¡magnífico!, pero esa imagen significa que entrarás en guerra con cualquier pensamiento que no concuerde con esa imagen.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 14 de Junio

Tenemos miedo de que pensar en algo acabe por hacerlo realidad, pero, como ya he dicho, esto es solo superstición. La verdad es que cuanto más permito que un pensamiento aparezca, menos posibilidades hay de que acabe poniéndolo en práctica; y cuanto más me empeño en ignorar un pensamiento, en reprimirlo, en destruirlo, más entro en guerra con él, más lucho contra mí mismo y mayor sensación tengo de que quizá podría acabar haciendo eso que temo hacer. Cuanto más estoy en guerra en mi interior, más probabilidades hay de que el conflicto se exprese en el mundo.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 13 de Junio

Cuando a quien está ante de ti se le libera de todas sus cargas —la carga de tener que ser quien te complete y la carga de ser quien puede amenazar tu completud—, se le libera de su estatus de gurú, se le despoja de su imaginario poder de completar a nadie. Y cuando esto sucede, finalmente puedes ver a esa persona por quien de verdad es. La lucha de poder entonces ha terminado, y es realmente posible un verdadero, un auténtico encuentro humano.
Cuando ya no te transfiero lo que necesito encontrar, soy libre de ver la completud que eres tú también. Puedo verte como eres. Puedo ver tus defectos humanos, tus fallos, tu debilidad, tu tristeza, tu dolor. Finalmente puedo amarte por quien eres, no por quien pensaba que eras o quien necesitaba que fueras. Puedo amarte en tu dolor, en tu pesar, en tus imperfecciones, en toda tu humanidad. Más allá de los roles y de los relatos, veo que tus imperfecciones son perfectas.
Si el buscador carga a su gurú con el peso de sus expectativas, también se carga a sí mismo con ellas. Porque cuando buscamos algo de alguien —ya sea un amante, un amigo, un terapeuta, un padre, una madre, un maestro espiritual o un gurú, o incluso un político, una celebridad o un líder—, le otorgamos un poder que nunca había tenido, y nos sentimos atados a ese poder, atados a esa persona de alguna manera, dependientes e incapacitados para irnos libremente de su lado. Parece que ejerza un extraño y desconcertante poder sobre nosotros.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 12 de Junio

La violencia y el conflicto empiezan siendo una búsqueda en mi propia experiencia, y luego se proyectan fuera, en el mundo.
Piensa en todas las veces que has hecho o dicho en el pasado algo mezquino, desagradable, cruel o violento. Sé sincero: ¿de dónde venía el impulso imperioso de hacer daño a alguien? ¿Venía de un lugar donde veías con claridad que todo lo que formaba parte de tu experiencia presente estaba profundamente bien? ¿Reconocías la más profunda aceptación dentro de tu experiencia presente? ¿O venía de un lugar herido, de un sentimiento de no estar bien en el momento, de un lugar donde sentías la necesidad de arremeter contra lo que tenías delante para volver a sentirte bien y demostrar tu valía? ¿Y te dio realmente esa agresión un sentimiento de bienestar, al final? ¿O fue un alivio solo temporal? ¿Apareció después la culpa?… En otras palabras, ¿habías fingido ser algo que no eras?
Visto desde esta perspectiva, podríamos decir que el mundo acaba siendo un lienzo en blanco sobre el que representar nuestras respectivas actividades de busca. Si estoy en guerra con mi experiencia, entraré en guerra —de maneras diversas, algunas sutiles y otras no tan sutiles— con el mundo exterior. Por supuesto, en última instancia lo que llamamos «interior» y «exterior» no están realmente separados; el mundo y yo somos uno. La necesidad imperiosa de actuar con violencia es consecuencia de no ver mi intimidad con el mundo, de no ver que, como espacio abierto, soy esencialmente inseparable de lo que tú eres; es consecuencia de no ver la perfección y completitud inherentes a cada ola de experiencia. Y en mi desesperado intento de conseguir completitud, cuando veo partes de mí que considero malas, entro en guerra con esa misma maldad existente en el mundo. Inconscientemente, lo único que intento es destruir el mal que hay en mí. La «gente mala» —dictadores, criminales, violadores, asesinos en serie, terroristas— en realidad tratan de hacer que el mundo vuelva a estar completo, volver a estar completos ellos mismos, de la única manera que saben. Por muy extraño que suene, la «gente mala» intenta en realidad destruir el mal —el mal que hay en su interior—. Por lo tanto, no generemos más maldad entrando en guerra con ellos, ni justifiquemos tampoco su conducta; intentemos sencillamente entenderlos a un nivel más profundo, como no lo hemos hecho nunca, dándonos cuenta de que somos inseparables de ellos, ¡Quién sabe! Quizá entonces sea de verdad posible poner fin al mal.
Cuando comprendemos la verdadera naturaleza del mal es cuando puede empezar el verdadero perdón. Mientras le crucificaban, Jesús miró a sus torturadores y los perdonó.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 11 de Junio

Lo que no permito que exista en mí, no permitiré que exista en ti. Aquellas olas de mí de las que me quiero librar, intentaré destruirlas en ti.
Es increíble, este juego de la proyección…, lo simple que parece y, a la vez, la magnitud de la destrucción que causa cuando se le da rienda suelta a escala global. Tenemos la totalidad de la historia humana, que nos demuestra que recurrir a un chivo expiatorio no conduce jamás a la paz, en ninguno de los sentidos de esta palabra. Nunca podremos destruir realmente a nuestros enemigos, puesto que están en nosotros. La separación empieza en ti y en mí, aquí, en esta habitación, y acaba en la tortura y el genocidio.
¡Y qué fácil es ver este mecanismo en los demás! ¿Somos capaces de verlo en nosotros mismos? Esta es la cuestión. ¿Quiénes son tus chivos expiatorios? ¿Qué rechazas en los demás que secretamente rechazas en ti? ¿La debilidad? ¿El fracaso? ¿El miedo? ¿La homosexualidad? ¿La violencia? ¿Cuáles son los pensamientos y sentimientos que no admites en ti para poder seguir dándole al mundo una determinada imagen de quién eres?
Quiero repetir que nada de todo esto tiene que ver con justificar o excusar el comportamiento hostil, violento o destructivo. Sencillamente sugiero que profundicemos y descubramos de dónde proviene ese comportamiento. ¿Crees que quien esté auténticamente en paz con su propia experiencia, quien reconozca la más profunda aceptación en cada pensamiento, sentimiento y sensación…, crees que esa persona de verdad sentirá la necesidad de arremeter contra el mundo? ¿Crees que esa persona necesitará de verdad encontrar una forma de liberarse tan dramática y extrema? ¿Crees que alguien que comprende que la vida ha acogido, ha aceptado ya profundamente todos los aspectos de su experiencia —cada pensamiento, cada sonido, cada sensación, cada sentimiento— va a sentir la necesidad de lanzarse desesperadamente a la caza de la completitud? ¿Crees que va a sentir la necesidad de destruir el mundo que lo rodea para encontrar aquello que pueda completarle? ¿Crees que hacer daño a otros va a darle lo que anhela?
Cuando ves que otro ser humano es, en esencia, tú mismo, ¿crees realmente que va a darte alguna satisfacción hacerle daño intencionadamente? Cuando ya has dejado de defender una falsa imagen de ti (una imagen que sabes que no está ni siquiera cerca de poder abarcar lo que de verdad eres), cuando ya no ves en ningún otro ser humano una amenaza para esa imagen, ¿crees que vas a sentir la necesidad de atacarle? ¿Crees que la violencia es realmente necesaria cuando ya no temes a la persona que hay delante de ti?
Imagino que ese comportamiento violento, destructivo o intencionadamente hostil es siempre una expresión de la búsqueda que está teniendo lugar dentro de la experiencia de una persona. La violencia y el conflicto empiezan siendo una búsqueda en mi propia experiencia, y luego se proyectan fuera, en el mundo.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 10 de Junio

Descubrir que, esencialmente, todo ser humano intenta volver a casa nos ofrece una manera nueva de entender el comportamiento de la gente a la que consideramos violenta, loca, abominable o cruel. Visto así, nadie es en realidad inherentemente malo, nadie es fundamentalmente distinto de nosotros. Hay personas que sencillamente buscan la completud de maneras desesperadas, y a las acciones destructivas que nacen de esa desesperada búsqueda las consideramos manifestaciones de «el mal».
Aquellos a los que calificamos de «malos» buscan en esencia lo mismo que buscamos nosotros, solo que, debido a su singular condicionamiento, a lo que aprendieron y vivieron al ir creciendo, al modo en que se los trató de niños, a las cartas que les ha dado la vida, la única manera en que pueden encontrar completitud ahora mismo es a través de la violencia. No sentirse profundamente completos en su experiencia presente, no percibir el amor inherente al momento presente, los convierte en buscadores desesperados de amor, y, en esa búsqueda de amor, entran en guerra con el mundo. En esa búsqueda de completitud, acaban destruyendo todo lo que les parece incompletud «ahí fuera», en el mundo.
Todo lo que consideramos malo en nosotros, todas esas olas de experiencia a las que no permitimos profundamente elevarse y caer, todas esas olas que son una amenaza para nuestra imagen de nosotros mismos, las proyectamos en esos a los que llamamos «nuestros enemigos», ahí fuera, en el mundo. Cuando intentamos herir o eliminar a nuestros enemigos, secretamente intentamos eliminar el mal en nosotros.
Cuando intentamos destruir la impureza de los demás, buscamos en realidad nuestra pureza. Cuando nos empeñamos en poner fin a la oscuridad de otros, secretamente buscamos la luz. Quiero destruir la incompletud que hay en ti porque secretamente quiero destruirla en mí y estar completo.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 9 de Junio

Más allá del relato de «nosotros», más allá del sueño, más allá de nuestras imágenes recíprocas es donde la verdadera relación es realmente posible. Más allá del relato de padre, de hijo, de madre, de hermana, de marido, de novia, de alumno, de maestro… es donde reside la verdadera intimidad. Y la realidad es que siempre nos encontramos más allá del relato. Siempre nos encontramos más allá de la imagen. Lo que soy, lo que eres, es el espacio abierto en el que las imágenes vienen y van. Lo que soy, lo que eres, no puede definirlo ningún relato. Como consciencia, soy lo que tú eres, siempre. Soy lo que tú eres, y eso es amor incondicional.
Cuando me relaciono contigo como un yo separado con otro yo separado, como un relato con otro, en sentido profundo no hay verdadera intimidad. Represento un rol, y tú otro. Yo hago de hijo y tú, de padre, con todas las expectativas y exigencias que ambas palabras llevan implícitas. Hago de hija y tú, de madre. Hago de hermana y tú, de hermano. Hago de gurú y tú, de discípulo. Hago de «mí» y tú, de «ti». Me identifico con mi papel e intento relacionarme contigo, que eres asimismo tu papel. Me atengo a mi guión y tú te atienes al tuyo.
Pero cuando me relaciono contigo, no como un yo separado, sino como el espacio plenamente abierto en el que todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones aparecen y se desvanecen, es posible la verdadera intimidad. Nos encontramos, sin historia, espacio abierto con espacio abierto, y ese es el principio de la relación verdadera…, no de la relación de un relato con otro, no del encuentro de dos imágenes, sino el encuentro de dos campos de ser, dos campos abiertos en los que se permite que todos los pensamientos, relatos, sentimientos, sonidos y sensaciones vayan y vengan. (En realidad no son dos campos abiertos que se reúnen, pero por el momento es una forma práctica de expresarlo. En última instancia, no hay palabras que puedan captar esa intimidad. Toda forma de lenguaje es solo temporal, en este lugar que está más allá de las palabras).

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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