Pensamiento del Dia: 15 de Abril

Sin relato, no tienes forma de saber lo que estás experimentando. Sin ningún relato, sin nombrar las olas, la vida es simplemente energía en bruto, energía pura, en movimiento. Es el océano —sin nombre, y misterioso—. Intentamos calificar esa energía; la juzgamos, tratamos de escapar de ella, la convertimos en el negativo de un opuesto positivo, y luego buscamos lo positivo.
Y sin embargo, por debajo de todo esto, ni siquiera sabemos en realidad de qué huimos. Llamamos a una ola «miedo», «ira», «tristeza», «aburrimiento», «pesar», «alegría» o «dolor» porque estos son los nombres y conceptos que hemos aprendido —solo por eso—, y luego o intentamos escapar de estas olas o nos aferramos a ellas. Pero quítales todos esos rótulos que les has puesto y, en realidad, ¿de qué intentas escapar, o a qué te aferras? ¿Lo sabes? ¿Qué sucede cuando nos desprendemos de todos los rótulos, de todas las descripciones que hemos aprendido, y afrontamos la energía en bruto de la vida tal como es en este momento, sin intentar cambiarla, eludirla ni aferramos a ella?
¿Qué ocurre cuando nos desprendemos de todas las descripciones de lo que es o no es este momento y sentimos profundamente las sensaciones presentes? Aquí es donde empieza la verdadera aventura de la vida. Cuando trasciendes el relato de lo que sientes en cualquier momento, acabas viendo que en realidad nunca has sabido realmente de qué escapabas. Y te encuentras con la energía en bruto de la vida. Estás desnudo ante la vida…, y esta es la verdadera sanación. Es el derrumbe de todas las ideas sobre cómo debería ser este momento.

Es al calificar las olas cuando la guerra comienza. En el momento en que calificamos una ola de experiencia, la convertimos en lo opuesto de otra ola, pese a que, en realidad, las olas no tengan opuesto. En cada calificativo, hay un juicio implícito. Al crear los opuestos de belleza y fealdad y luego buscar la belleza, entramos en guerra con
aquello a lo que llamamos feo. Al intentar ser atractivos, al intentar sentimos atractivos, al intentar no sentirnos feos, acabamos entrando en guerra con esta experiencia presente y tratando de conseguir su opuesto —¡aunque en realidad no tiene opuesto!—. No es de extrañar que suframos. Pensamos: «Este sentimiento de fealdad pone en peligro mi completitud. Si consigo librarme de él, si puedo pasar de lo feo a lo bello, estaré completo».
Y el juego ya está en marcha.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 14 de Abril

Hay una idea bastante común en las enseñanzas espirituales, con la que comulgan algunos científicos y filósofos, y es la idea de que el mundo existe solo en nuestras mentes o en nuestros cerebros, de que el mundo es pura imaginación nuestra o, peor aún, de que es un simple error de percepción. Pero ¿alguna vez forma esto parte de tu experiencia directa de la vida? ¿Percibes el mundo como si estuviera dentro de algo, de algo llamado mente? ¿Dónde se encuentra, con exactitud, esa mente dentro de la cual se supone que está el mundo? ¿Y de quién es esa mente? ¿Mía? ¿Qué es «mía» en la experiencia directa?.
Cuando miro de manera nueva, ahora mismo, lo que vuelvo a encontrar es que aparecen pensamientos, aparecen olores, aparecen sonidos, aparecen sentimientos —todos en el espacio abierto que soy—, pero no hay ninguna prueba de que lo hagan dentro de algo diferente llamado mente. No encuentro ninguna prueba de que algo llamado mente esté produciendo todo lo que se piensa, se ve, se huele, se oye o se siente.
No encuentro ninguna prueba de que estas olas de experiencia provengan de una mente ni de alguna otra cosa o lugar. Solo puedo decir que no encuentro algo como la mente — fuera del pensamiento que surge en el presente—. El pensamiento dice: «Hay una mente separada», pero no es más que un pensamiento que aparece. De niño, aprendí que «tengo» una mente. Pero ¿es verdad?
Lo único que encuentro cada vez que miro es la experiencia presente. No encuentro ni pasado ni futuro, sino ahora, y si acaso encuentro pasado y futuro, se trata de recuerdos e ideas que aparecen ahora. Todo es ahora. Y lo que encuentro ahora es que la experiencia no está ni dentro ni fuera de mí.
Sencillamente, aquí no encuentro ni dentro ni fuera; lo único que hay es intimidad total con todo lo que aparece. La experiencia no está contenida dentro de nada, ni encuentro ninguna prueba de que esté fuera de nada.
Así que mi experiencia de la habitación en la que estoy sentado no se halla «en mi mente»; no encuentro ninguna prueba de eso. Mi experiencia de la habitación está justo aquí, como habitación; no está separada de la habitación. Es la habitación, y es percibida. La experiencia no tiene localidad; no está localizada ni en la cabeza ni en el cerebro. Está en todas partes, lo mismo que el océano está presente en todas sus olas. Es la taza de té que me estoy tomando. Es el cielo y las estrellas. Es las hojas que crujen bajo los pies mientras camino hacia la oficina de correos. El mundo ni está «ahí fuera» ni está «en mi mente». Es íntimamente uno con lo que soy Me sigue a todas partes. No puedo sacudírmelo de encima. No entro en el mundo y salgo de él; el mundo está siempre aquí. No me muevo por el mundo; él se mueve conmigo. Y no hay un yo separado de él. (¡Ah!, ¿verdad que son maravillosas las palabras?).

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 13 de Abril

¿Qué aspecto tiene la vida cuando se mira desde este lugar de profunda aceptación, desde este lugar de completud siempre presente? ¿Qué aspecto tiene la vida cuando comprendes que no eres una persona separada, una ola separada e incompleta en el vasto océano, en busca del hogar, sino el propio océano, ya completo, ya en casa, ocurra lo que ocurra en este momento? ¿Qué aspecto tiene la vida cuando sabes que eres el espacio plenamente abierto de la aceptación, en el que todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones, todas las olas de experiencia, tienen un profundo permiso para ir y venir?
Y una vez que comprendes que eres este vasto océano, ¿qué relación tienes entonces con las olas? ¿Están separadas de lo que eres, o eres ahora íntimamente inseparable de cada una de ellas?

Detente un momento. Vuelve de inmediato a la experiencia presente, a lo que está ocurriendo realmente donde te encuentras ahora. Ve, oye, contempla con una mirada nueva tu experiencia. Empieza de nuevo, como si fueras un niño que ve el mundo por primera vez…, puesto que, de hecho, siempre lo ves por primera vez. En este momento, la vida es siempre nueva. Nunca antes has vivido este momento, y nunca lo volverás a vivir.
Nunca antes has oído los sonidos de este momento. Nunca antes has sentido lo sentimientos de este momento. Nunca antes has leído estas palabras. E incluso si crees que sí, es solo un pensamiento sobre el pasado, un recuerdo que aparece ahora, en este momento nuevo, intacto.

Cuando regresas a lo que está sucediendo ahora mismo, lo que encuentras es simplemente el espontáneo juego de la vida. La vida es una danza de pensamientos, sonidos, sensaciones, olores, que aparecen y desaparecen, todos radiantes y libres en el espacio que eres. Y fíjate en que no has de hacer ningún esfuerzo para ver, oír, sentir.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 12 de Abril

Intentamos cultivar en nosotros cualidades como el amor, la paz, la aceptación y el desapego. Nos agotamos intentando amar, intentando aceptar, intentando relajarnos, intentando no juzgar y no identificarnos con nada, e incluso intentando poner fin a la búsqueda de una vez por todas. Pero cuando descubrimos quiénes somos realmente, nos
damos cuenta de que todas estas cualidades no son resultado del esfuerzo de una persona separada, sino que están ya presentes de modo natural en quienes somos antes de que nos identifiquemos como personas separadas. Lo que somos es por naturaleza expresión de amor y aceptación, está profundamente relajado y siempre en paz, nunca apegado a ninguna forma, v nunca ha buscado nada. Por naturaleza, no juzga ni elige, y está siempre libre de toda identificación. Es el océano, siempre en reposo en medio de la tormenta, permitiendo eternamente la existencia de cada ola, sin juzgarla, sin oponerle resistencia ni apegarse a ella. El final de la búsqueda de toda una vida no es una meta futura, sino lo que ya somos.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 11 de Abril

Se podría decir que llamarlo dolor es la primera capa de ilusión. Ocultos en esa palabra hay todo tipo de juicios, creencias y miedos. La palabra «dolor» es en realidad un juicio, una opinión, no algo que existe separado de ti.
La segunda capa de ilusión es la propiedad del dolor. «El dolor» pasa a ser «mi dolor». (La ilusión de la propiedad puede aplicarse igualmente a otros sentimientos: «mi miedo», «mi tristeza», «mi aburrimiento», «mi confusión», etcétera.) En un principio, como hemos visto, el dolor —o al menos eso a lo que llamamos dolor— es solo un puñado de sensaciones que danzan en lo que somos, sensaciones que todavía no le pertenecen a nadie. La vida las ha aceptado profundamente, y no son personales. ¿Puede una sensación ser propiedad de alguien? ¿Pueden ser propiedad de alguien un sonido, un sentimiento, una respiración, el canto de un pájaro? ¿Puede alguien ser propietario del calor del sol en el rostro? ¿Puede alguien ser dueño de la vida? Cuando ves la vida como lo que es, te das cuenta de que nadie puede ser su dueño, puesto que nadie puede separarse de ella. Nadie puede volverse y decir: «Es mía». La propiedad es, así pues, la segunda capa de ilusión. La vida en sí, incluidas las sensaciones más íntimas y aparentemente personales, no le pertenece a nadie.
Pero nunca nos paramos a cuestionar este proceso, así que, antes de que nos demos cuenta, literalmente se ha convertido en «mi dolor». Cuando el dolor no se acepta profundamente, entramos en el relato de «yo y mi dolor»: «El dolor es mío», «Soy dueño de mi dolor», «Tengo dolor», «Estoy sumido en el dolor», «Soy yo el que sufre el dolor».
Cualquier versión que elijamos, ese relato es ahora nuestra nueva identidad. Nos convertimos en víctimas del dolor, y este es el principio del sufrimiento que rodea al dolor.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 10 de Abril

El relato es siempre una burda imitación de lo que realmente está ocurriendo, una «burda imitación de la celebración», la llamo yo. Todo relato es un reductor despiadado; intenta reducir el misterio a unas pocas palabras. Ahora mismo, por ejemplo, puede que estés sentado en una silla o tumbado en la cama. «Estoy sentado en una silla» o «estoy tumbado en la cama» es el relato sobre tu experiencia. Déjalo a un lado. ¿Cómo es, en este momento, estar aquí donde estás? El relato dice que el cuerpo está tendido o sentado, pero si nos olvidamos de él solo un instante y regresamos a las sensaciones reales del momento presente, ¿qué hay aquí? ¿Qué está ocurriendo justo ahora, en la inmediatez de la experiencia presente? Vuelve al cosquilleo, a la calidez, al latido de la sensación presente. ¿Hay alguna posibilidad de capturar de verdad esta experiencia presente con palabras o con imágenes?
Cuando devolvemos la atención a la experiencia real del momento presente y olvidamos todas las conclusiones y relatos, y empezamos a explorar de cero, por así decirlo, esa experiencia, con la inocencia de un recién nacido, solamente encontramos una asombrosa danza de sensaciones, que nunca es la misma en un momento que en el momento siguiente. La realidad es siempre mucho más misteriosa, mucho más incognoscible que nuestro relato de la realidad. Además, decimos que las sensaciones ocurren dentro de nuestro cuerpo sin haber investigado si es verdad o no. En el relato, el dolor me sucede a mí. En el relato, el dolor está localizado dentro de mi cuerpo. En la realidad, hay una asombrosa danza de sensaciones eternamente cambiante que tiene lugar en lo que soy.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 9 de Abril

En la realidad, siempre es este momento. El futuro nunca llega realmente, ¿verdad? El futuro solo existe como relato…, y como tu reacción a ese relato que surge ahora. Cuando llegue ese momento tan temido, será de hecho el «ahora», el momento presente. La experiencia que sea tendrá lugar en este espacio, el espacio que está aquí ahora mismo, y, dado que soy este espacio, sé que nada de lo que la vida ponga en mi camino me destruirá. Así que dejemos que llegue la turbulencia. No sé cuándo llegará, y no estoy diciendo que quiero que llegue, pero si llega, ¡que llegue!, y cuando me encuentre frente a frente con ella, seguiré sabiendo que soy el espacio plenamente abierto en el que la vida sucede. Lo que soy es la calma que hay en el ojo del huracán. No estoy en guerra con el huracán. Soy el espacio abierto en el que se permite que el huracán vaya y venga. No tengo miedo del huracán, y no porque me crea fuerte y valiente, sino porque sé que la tormenta soy yo mismo y que, en el nivel más profundo, no representa un peligro para mi vida. Así que, si viene, que venga.
De modo que ya no tengo necesidad de estar preparado para luchar contra lo que haya de venir; puedo relajarme ante la vida y dejarla que se desarrolle, incluso aunque ese desarrollo traiga dolor. Como espacio en el que ese dolor se manifiesta, soy más grande que el dolor, soy más vasto que ningún miedo; soy tan abierto y espacioso que la vida toda —cada pensamiento, sonido, sentimiento y sensación— tiene un lugar aquí.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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