Pensamiento del Dia: 14 de Febrero

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La gran libertad reside en afrontar sin miedo la oscuridad y ver, finalmente, que es inseparable de la luz. Reside en reconocer que lo que siempre habías buscado estaba oculto incluso en tus miedos más terribles.Parafraseando a Thomas Hardy, si hay un camino hacia algo mejor, está en mirar con los ojos bien abiertos lo peor… y encontrar en ello la más profunda aceptación.
Cuando entiendes cómo se manifiesta en ti el sufrimiento, entiendes de inmediato cómo se manifiesta en todo el resto de la gente. Solemos conceder tanta importancia a nuestras diferencias individuales que somos incapaces de ver que, en lo fundamental, somos todos iguales. Todos sufrimos, y todos buscamos una manera de salir del sufrimiento, como Buda enseñó. Cuando descubres y entiendes la mecánica del sufrimiento en ti mismo, desarrollas una profunda compasión por el sufrimiento ajeno…, compasión en el verdadero sentido, en el sentido de compassio, literalmente «sufro con».
Cuando considero que el dolor es mío, me pierdo en mi burbuja de sufrimiento personal y me siento desconectado de la vida, aislado y solo con mi desdicha. Pero más allá de la historia personal de mi sufrimiento, descubro que el dolor no es en realidad mi dolor. Es el dolor del mundo. Es el dolor de la humanidad. Cuando pierdo a mi padre, la aflicción que siento no es mi aflicción, sino la aflicción de todo hijo; sufro por, y con, cada hijo que haya perdido a su padre. Cuando mi pareja me abandona, soy cualquiera que haya perdido a alguien a quien amaba. En los más íntimos recesos de la experiencia presente, descubro que yo soy el universo que con tanto ahínco intento salvar; descubro que yo soy la compasión que tanto me esfuerzo por representar fuera, en el mundo; descubro que yo soy todas las demás personas con las que tanto anhelo tener contacto. En las profundidades de lo personal, en medio de las experiencias más intensamente dolorosas e íntimamente personales, descubro la verdad impersonal de la existencia, y en ese momento soy libre. Muchas enseñanzas espirituales hablan de escapar de lo personal y alcanzar cierto estado impersonal en un futuro, pero, como veremos en este libro, lo personal y lo impersonal son íntimamente uno, y no se pueden dividir así. La división es precisamente la raíz de todo el sufrimiento y el conflicto.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 13 de Febrero

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Deseaba ver y que los demás vieran en mí a un triunfador, a un hombre atractivo, inteligente, generoso, bueno, compasivo y virtuoso. Pero la vida se interponía continuamente en mi camino impidiendo que se cumplieran mis deseos; la vida, sencillamente, no me dejaba ser quien yo quería ser. La vida no me entendía. Nadie captaba quién era yo. ¡Nadie me entendería jamás! El hecho de ver frustradas mis expectativas de la vida y de juzgarme, además, a mí mismo continuamente me acarreaba dolor, y yo detestaba el dolor y no quería tener que soportarlo ni un minuto más.
A pesar de todo, tras una serie de percepciones muy lúcidas, empecé a entender con claridad que, en el nivel más básico, la depresión que sufría era en realidad la experiencia de mi profunda resistencia a la vida. No es que experimentara algo ajeno a mí llamado depresión. No es que algo llamado depresión me estuviera sucediendo. Lo que experimentaba era mi propia guerra interior con la manera de ser de las cosas, y, en la raíz de esa guerra, estaba mi propia ignorancia de quién era realmente. Había dejado de ver la completud de la vida; había olvidado cuál era mi verdadera naturaleza, e, indignado, me había lanzado a combatir la experiencia presente. Incapaz de darme cuenta de quién era en realidad, e identificándome por tanto como un «yo» separado, había entrado en guerra con el momento presente.
La depresión estaba enteramente relacionada con mi forma de ver el mundo: con los juicios que hacía de él, las creencias que tenía de él, las exigencias que albergaba sobre cómo debería ser este momento. Por debajo de aquella tentativa de controlar la vida con el pensamiento, estaba el miedo a los desafíos, a las pérdidas y, en última instancia, a la muerte. La resistencia que le oponía a la vida me llevó a una depresión extrema, suicida…, pero todos estamos desconectados de la integridad en mayor o menor medida, y el grado en que nos desconectamos de la integridad es el grado en que sufrimos. Yo me había desconectado de la vida totalmente, y el sufrimiento se hizo insoportable. Me había convertido en un cadáver andante, pero no era la vida la culpable de ello; inocentemente, lo había hecho yo, en mi porfiada búsqueda de una integridad futura que nunca iba a llegar.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 12 de Febrero

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El sufrimiento humano puede parecer tan insondable, incontrolable, impenetrable…, un problema demasiado descomunal para poder remediarlo. A veces parece tan sin sentido, tan inexplicable o tan fortuito y repentino que lo único que uno puede decir es: «¿Qué me pasa? ¿Qué es lo que estoy haciendo mal?», «¡Debe de ser por mí, por mi forma de ser!», «Será que es mi sino sufrir así», «Seguro que es la genética, o algún desequilibrio químico del cerebro».
Yo no creo que haya nadie fundamentalmente incapacitado para la vida, que nadie tenga que sufrir, que haya ninguna desdicha predestinada o inherente a nosotros en modo alguno.
Lo que sí veo es que mucha gente busca, intentando escapar de lo que piensan y sienten en el momento. Oponen una resistencia férrea a la experiencia presente, pero no se dan cuenta de que es eso lo que hacen, y tienen así la sensación de que el sufrimiento les invade, casi como si les llegara del exterior y fueran víctimas de él. Si se dieran cuenta de la magnitud de su resistencia al momento, no tendrían que seguir recurriendo a todo tipo de extrañas teorías para explicar o justificar su sufrimiento. Dejarían de culpar de su sufrimiento a la vida, dejarían de culparse a sí mismos, a los demás o a las circunstancias; dejarían de culpar a la alineación de los planetas o de las estrellas, a las fuerzas electromagnéticas o las energías cósmicas, a su karma, a su gurú, a Dios o al diablo, y serían responsables en el auténtico sentido de la palabra: capaces de responder a la vida tal como es en este mismo instante, y no a la vida como imaginan que es o que debería ser.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 11 de Febrero

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Todos fracasamos en esa tentativa de ser quienes no somos. Mi sufrimiento tomó forma de depresión, angustia existencial, timidez enfermiza y total falta de intimidad en mis relaciones. Pero todos sufrimos a nuestra manera; ahora bien, o vemos en el sufrimiento un estado terrible que se ha de evitar a toda costa o lo vemos por lo que realmente es: una señal muy clara que nos indica el camino de vuelta a casa.
En medio de la depresión extrema, brilló de pronto otra posibilidad: quizá mi fracaso al intentar sostener mi vida no fuera en realidad una enfermedad, una perturbación mental ni una señal de debilidad o de disfunción. Quizá, de entrada, aquella no fuera mi vida, la vida que debía sostener en pie, y yo no fuera quien pensaba que era.
Quizá la verdadera libertad no tuviera nada que ver con ser una ola mejor dentro del océano, con perfeccionar el relato de mí mismo que me contaba. Quizá la libertad tenía que ver sola y exclusivamente con despertar del sueño en el que somos olas separadas, y con abrazar todo lo que aparece en el océano de la experiencia presente. Quizá ese fuera mi trabajo, mi verdadera vocación en la vida: aceptar profundamente la experiencia presente, desprenderme de todas las ideas sobre cómo debería ser este momento, en vez de empeñarme en sostener una falsa imagen de mí mismo.
Empecé a perder interés en fingir que era lo que no era. Empecé a perder interés en oponer resistencia al momento presente. Empecé a enamorarme de la experiencia presente. Descubrí la profunda aceptación inherente a cada pensamiento, a cada sensación, a cada sentimiento, y el sufrimiento comenzó a caer en picado. Me di cuenta de que no era un ser defectuoso ni nunca lo había sido, y de que esto era igualmente aplicable a todos los demás seres humanos del planeta.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 10 de Febrero

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Cuando descubres quién eres realmente —el espacio plenamente abierto que lo entraña todo—, descubres que el fracaso, la enfermedad, la fealdad, la indefensión, la inseguridad y la debilidad existen para que los abraces, no para que los eludas. El océano de la vida ya ha abrazado todas las olas —incluidas las que más tememos, incluidas las que nos parecen una amenaza mayor para quienes somos—. Lo que eres no es una imagen, y ninguna ola puede ponerlo en peligro. Lo único que puede peligrar es la imagen.
Cuando empiezas a vivir como el vasto espacio que eres, el espacio en el que todo sucede, y sabes que eres la capacidad para que exista este momento, te das cuenta de que todos los sentimientos —buenos y malos, positivos y negativos— están ya aceptados profundamente en lo que eres. Llevan apareciendo toda tu vida, y no necesitas más prueba que esa. Ese abrazo total a todas las olas de experiencia es el amor que siempre has buscado.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 9 de Febrero

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La violencia empieza y termina en ti. Reconocer esta verdad supone asumir una responsabilidad total, en el mejor sentido de la palabra.
No ofrezco una forma de salir de la locura de la mente humana, sino una forma de entrar. En realidad, no ofrezco una solución al sufrimiento, sino otra manera de entenderlo…, una manera radicalmente nueva de relacionamos con él.
No hay esperanza de que podamos poner fin al sufrimiento —ni personal ni global— hasta que entendamos lo que es en verdad el sufrimiento, en el nivel más fundamental. Y cuando realmente entendamos lo que es, tal vez descubramos que la verdadera libertad no se encuentra escapando de la experiencia presente, sino sumergiéndonos sin miedo en sus profundidades ocultas. Ahí, quizá, descubramos toda la paz, el amor y la profunda aceptación que siempre habíamos buscado en el exterior.
Sé que tal vez suene egoísta o narcisista centrarnos en nuestro propio sufrimiento de esta manera. «¿Quién soy yo para quedarme aquí sentado contemplando mi sufrimiento? ¿No debería olvidarme de mí, salir a la calle y ayudar a poner fin al sufrimiento del mundo?», podrías preguntar. Recuerda que cualquier sufrimiento que haya dentro de ti se proyectará fuera, en el mundo, inevitablemente. Cualquier cosa con la que estés en guerra dentro de ti, llegará el momento en que la combatirás igualmente en el exterior. Si la violencia y la separación están vivas en ti, las introducirás en tus relaciones más íntimas, en tu familia, en tu lugar de trabajo, en el mundo a gran escala. El mundo no es sino tu proyección de él, como nos han recordado sin cesar los maestros espirituales, los santos, sabios y místicos de todos los tiempos.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 8 de Febrero

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Parecemos ser los únicos organismos del planeta que hacemos daño y matamos a nuestros semejantes no solo para protegernos físicamente, no solo en la lucha por el alimento o el territorio, sino también para defender nuestras imágenes. Matamos en nombre de cualquier clase de imagen: ideologías, filosofías, sistemas de creencias, caminos espirituales, perspectivas del mundo…; matamos cada vez que intentamos crear una imagen del cielo que hay en las alturas, cada vez que intentamos imponer nuestra imagen del mundo a otros seres humanos distintos de nosotros. Matamos en nombre de imágenes de la realidad, de imágenes de lo que es verdadero y es falso, imágenes de quiénes somos y de quiénes son los demás en relación con nosotros…, imágenes que rara vez, por no decir nunca, se corresponden con la realidad. ¿Dónde puede acabar esta violencia?
Está de moda hoy en día hablar del cambio que la consciencia humana está experimentando en el planeta; la idea es, básicamente, que los seres humanos se encuentran en el proceso de alcanzar un estado de consciencia superior. Yo, en cambio, creo que lo que de verdad estamos haciendo es desarrollar una percepción nueva y cristalina de la locura que padece la mente humana. Somos más conscientes que nunca de que la manera tradicional de hacer las cosas no funciona. Ni las viejas ideas sobre quiénes somos, ni nuestra forma de pensar dualista, ni la mentalidad del «nosotros y ellos» nos han conducido a la paz —ni a la paz del mundo ni a vivir en paz con nosotros mismos—, sino más bien todo lo contrario. Las guerras, los genocidios, la opresión y la violencia siguen siendo una realidad en este preciso momento; el sistema financiero mundial está al borde de la quiebra (y hay quienes dirían que ya ha quebrado) y las grandes superpotencias están fatalmente endeudadas; el desastre ecológico es cada vez más amenazador, y los seres humanos sufren niveles de depresión, ansiedad y estrés sin precedentes.
El mundo siempre ha estado loco, solo que hoy en día somos más conscientes de esa locura. Por primera vez en la historia humana, prácticamente todo aquel que tiene acceso a un ordenador dispone de información sobre el estado del mundo, y probablemente sea igual de cierto que nunca habíamos estado tan desesperados por encontrar una salida.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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