Pensamiento del Dia: 12 de Agosto

Couple playing around

Una vez que le has otorgado a alguien el poder)de completarte —que has cedido tu poder (aunque, en última instancia, ni siquiera sea tuyo; es una manera práctica de hablar de ello, por ahora)—, inconscientemente, le has otorgado también el poder de quitarte la completitud en cualquier momento.
Si me completas, también puedes arrebatarme, en cualquier momento, esa completud. Si tienes el poder de darme amor, también tienes el poder de quitarme el amor. Esta es la treta que empezamos a jugar con los demás.
En el momento en que le otorgas a una persona el poder de darte y quitarte el amor —en el momento en que la conviertes en un gurú (y todo buscador tiene alguna clase de gurú, como explicaré más adelante)—, a cierto nivel empiezas a temerla, porque ahora tiene el poder de volver a dejarte incompleto, de hacerte sentir que no vales nada, en el instante que se le antoje.
Así que empiezas a sentir que debes andarte con cuidado cuando estás con ella. No debes hacer nada que la incomode, o te retirará la completitud: «No debes hablar de esto, ni mencionar aquello»; «Anda de puntillas; «Haz como si aquello nunca hubiera sucedido»; «No te expreses con demasiada libertad, dile solamente lo que quiera oír»; «Ten cuidado de decir las palabras correctas». O bien sientes que tienes que controlarla, que tener cierto poder sobre ella, y haces alardes de fuerza, de inteligencia, de sensualidad y de superioridad para conservarla a tu lado. Tanto si tu búsqueda se expresa como pasividad o como dominación, como inferioridad o como superioridad, el objetivo es el mismo: no revelarte completamente como eres. Contenerte. Dejar de admitir lo que de verdad sientes, crees o piensas, lo que es verdad para ti, y empezar a mostrar una imagen de ti mismo para agradar a la otra persona, para calmarla o para tener control sobre ella. Dejar de admitir quién eres y representar lo que no eres.
Esta dinámica de poder explica por qué hay tanta gente que vive sus relaciones como un auténtico drama, un drama que parece surgir de la nada. Es increíble lo rápido que el «¡te amo! ¡Tú me haces un ser completo!» puede transformarse en «¡se acabó! ¡Te odio! ¡Me voy para siempre!»…, a veces en cuestión de unos instantes.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

piedras energeticas

Pensamiento del Dia: 10 de Agosto

Se diría que la mente siempre quiere hacer que todo parezca peor de lo que es en realidad. Si te fijas, verás que tu relato de la realidad es siempre mucho peor que la realidad en sí. En la realidad, jamás vas a tener que enfrentarte más que a este momento de dolor. Solo a este momento. Solo a lo que está sucediendo ahora mismo. En el relato, tienes que enfrentarte al dolor en el tiempo. En el relato, i tienes que enfrentarte a todo el pasado y el futuro del dolor! Puedes incluso convencerte a ti mismo de que tienes que enfrentarte a toda una vida de dolor, lo cual suena demasiado insoportable incluso como pensamiento; es, literalmente, la idea que la mente tiene del infierno. Pero, en la realidad, la vida siempre es clemente contigo: solo te da este momento, y nunca tienes la experiencia real de una vida de dolor. En la realidad, no existen los conceptos de «siempre», «para siempre» o «sin fin». El infierno es producto del pensamiento, nada más.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

piedras energeticas

Pensamiento del Dia: 9 de Agosto

Así es, de un modo que nunca comprenderemos, el dolor te sana del dolor. La sanación forma parte intrínseca de todo aquello de lo que intentamos escapar. La tristeza te sana de la tristeza. El miedo te sana del miedo. La ira te sana de la ira. En el fondo del miedo más intenso, no hay «nadie» que esté sumido en el miedo. No hay nadie que esté separado del miedo. Nadie que esté asustado. En el centro de la crucifixión, en el centro del dolor físico más atroz, hay sanación. Quizá, al final, todas las religiones y enseñanzas espirituales apunten a esta verdad.
La profunda aceptación de la que hablo revoluciona la actitud que tenemos frente al dolor, la relación que tenemos con él, los miedos de los que lo rodeamos. De repente el dolor, por muy doloroso que sea, ya no es un enemigo, es una señal que nos indica el camino de vuelta a quienes somos realmente en este momento, que destruye todas nuestras ideas
falsas sobre quiénes somos. El dolor es en cierto modo compasivo., en el verdadero sentido de la palabra; destruye todas las ilusiones que albergamos sobre nosotros mismos. Nada que sea irreal puede sobrevivir a la fiereza de su amor.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 8 de Agosto

Sanamos en medio de todo aquello de lo que huimos. No es que sanemos del dolor; sanamos, estamos ya sanados, en nuestro dolor.
Podríamos ir todavía más lejos y decir que de hecho el dolor nos sana. Visto como lo que es, el dolor redirige nuestra atención al aquí y ahora, y al espacio plenamente abierto que abarca toda experiencia que viene y va. Trae nuestra atención de vuelta al hecho de que nadie está sumido en el dolor, sino que simplemente hay dolor que aparece aquí, en el espacio que soy. Así que el dolor te sana de la idea de que eres una víctima del dolor. Te sana de la ilusión de que puedes controlar las cosas. Te trae de vuelta a este momento, a tu verdadero hogar. Dice: «Se me permite estar aquí, pienses lo que pienses.
Mira, ya se me ha permitido entrar en lo que eres. Ya estoy presente. No has sido capaz de impedirme entrar. Pero no hay nada que temer. Estoy hecho solo de ti. No puedo destruir a quien de verdad eres».

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 7 de Agosto

Pero el dolor es un maestro incomparable, porque te enseña que, al final, en el momento, no tienes elección. No tienes control sobre nada. «Hágase tu voluntad, no la mía», como dijo Jesús. Y ahí está la liberación, justo ahí.
Fue acogido el dolor, y también el que intentaba inútilmente escapar de él. Fue acogido el dolor, y también el que quería estar libre de él. ¿Había entonces algún problema? En el dolor, en el malestar, me descubrí completo. En el dolor, en el malestar extremo, me curé, me curé totalmente; me curé más allá de lo que se pueda comprender, más allá de todo lo que pueda entender la mente. Me curé de la carga de ser «el que estaba sumido en el dolor». Me curé del relato de «mi dolor pasado y futuro». Me curé de la ilusión de que el dolor me estaba ocurriendo a mí. La sanación no significó que el dolor desapareciera de inmediato, pero misteriosamente pasó a ser algo secundario. Esta sanación eternamente presente era lo que de verdad había estado buscando.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 6 de Agosto

Sufrir es intentar hacer un movimiento que es imposible, y por eso duele tanto.
Creemos que la sanación es la ausencia de dolor, de enfermedad, de malestar, pero la sanación verdadera nada tiene que ver con escapar de estas olas de experiencia. La sanación que de verdad anhelas es la plena aceptación del dolor, el final de todas las ilusiones. La sanación que de verdad anhelas consiste en liberarte de tu identidad de víctima del dolor. No es librarnos del dolor lo que de verdad queremos, sino escapar de la imagen que albergamos de ser «el que está sumido en el dolor». No es librarnos del dolor lo que de verdad queremos, sino experimentar una profunda aceptación en el dolor.
Descubrir que eres el espacio plenamente abierto en el que el dolor aparece, y no el relato de alguien a quien el dolor ataca, es la verdadera sanación —la sanación de la identidad—, y sus efectos van mucho más allá de la sanación física.
La gente que experimenta dolores terribles dice cosas como: «Parece que mi cuerpo se haya vuelto en mi contra». Pero cuando descubres quién eres realmente, ves que no es posible que tu cuerpo se vuelva contra ti. Hace unos años, me practicaron una operación en una parte muy sensible del cuerpo, y, pasé varias semanas en cama en medio de un dolor extremo. Aparecía una sensación aguda, punzante, que a menudo hacía que se me saltaran las lágrimas. Hoy en día, como ser humano inteligente, sé que no tiene sentido experimentar más dolor del necesario. Ese es otro de esos conceptos espirituales que hemos ido adoptando: la idea de que, cuanto más suframos, más cerca estaremos de la libertad. Pero sufrir no es el camino a la libertad futura; sufrir es una invitación a la libertad presente. Así que, naturalmente, pedí un sedante para mitigar el dolor. Me administraron morfina, y sin duda fue una ayuda. A pesar de todo, seguía habiendo dolor.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 5 de Agosto

El mecanismo de la búsqueda nace enteramente de la ilusión de separación y propiedad —de la idea de que la vida te sucede—. En la raíz de nuestro sufrimiento está la sensación de que algo malo nos está sucediendo a nosotros. De hecho, eso es lo que la palabra «sufrir» significa literalmente: «padecer» o «soportar», lo cual tiene una connotación de pasividad (derivada del término latino passio, que significa «sufro»), la connotación de no tener dominio sobre nada, de ser una víctima de la vida. Pero esta pasividad —la idea de que la vida, de que el dolor, te ocurre a ti— es precisamente la ilusión, la apariencia engañosa. En realidad, el dolor no te ocurre a ti, no le ocurre a una entidad separada; simplemente aparece en lo que eres. El dolor no te ataca, sino que danza en el espacio abierto. La idea de que te está ocurriendo a ti no es más que otra idea que aparece en lo que eres. Se podría decir, por tanto, que el dolor es real, pero el sufrimiento es una ilusión, puesto que es el relato del dolor que te está sucediendo, cuando en realidad no es así. El sufrimiento, definido como la propiedad del dolor, es una ilusión.
La tercera capa de ilusión es nuestro intento de escapar del dolor. Cuando el dolor no se acepta profundamente en este momento, me convierto en el que «está sumido en el dolor»; y entonces la búsqueda se pone en marcha. No quiero ser el que está sumido en el dolor. Quiero escapar de él. Quiero ser «el que no está sumido en el dolor», No quiero ser su víctima. ¡Quiero una nueva identidad! De modo que el que está sumido en el dolor empieza a buscar una manera de escapar de su condición de víctima.
La mente, debido a su dualidad, toma entonces el dolor y crea el concepto opuesto: la ausencia de dolor; y ahora intentará desplazarse del dolor (lo que es) a la ausencia de dolor (lo que no es). Como ya hemos visto, en realidad no existen los opuestos. La experiencia real del momento presente, como danza de sensaciones, momento a momento, no tiene opuesto. Lo que intentamos hacer con nuestra búsqueda es desplazarnos de nuestras sensaciones presentes a la ausencia de esas sensaciones.
Intentamos desplazarnos del dolor del momento presente a la imagen de la ausencia de dolor. Está claro que es un movimiento imposible, ya que escapar del dolor y entrar en un lugar donde no haya dolor va a requerir tiempo, y es en este momento, ahora mismo, cuando quiero estar libre de dolor. Pero la vida no puede darme lo que quiero justo ahora. Intento desplazarme de aquí a allí en este momento intemporal; intento desplazarme de lo que es a lo que no es, de lo que es a mi imagen de lo que debería ser…, y ese es mi sufrimiento, esa es mi frustración, esa es mi desesperación.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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