El sentimiento supremo… la dicha

Hay sólo uno que te puede decir acerca del “ahora mismo”.
Que te digan del mañana es un juego de adivinanza.
Que te digan qué eras en tu vida pasada es un absurdo total.
Que te digan qué está sucediendo en éste momento: que ésa respiración ha venido hacia tí, se va, vuelve y tu estás vivo.
Porque tú estás vivo, de todos los sentimientos que puedes sentir, hay uno que es sumamente supremo.
Se llama…”dicha”.

(Prem Rawat-Maharaji).

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El efecto sanador de la música…



Fuente: https://www.youtube.com/channel/UCWaZJ2Mu5zjfhZoEEMxs1MQ

La conexión entre tú y la existencia…

Hay un sonido de felicidad constantemente en tu interior, como en el interior de todo mundo. Sólo tenemos que permanecer en silencio para escucharlo. Como la cabeza es demasiado ruidosa, no puede oír la voz baja y pequeña del corazón. A menos que todo esté en silencio nunca la escuchas, pero es la conexión entre tú y la existencia. Una vez que la has escuchado, sabes por dónde estás unido, ligado a la existencia. Una vez que la has escuchado se vuelve muy fácil entrar en ella. Entonces puedes concentrarte y entrar con facilidad,y siempre que lo hagas te rejuvenecerá, te dará una fuerza tremenda y te hará estar más y más vivo.
Si una persona es capaz de entrar una y otra vez en este sonido interior, nunca pierde la pista de lo divino; puede vivir en el mundo y mantenerse en contacto con lo divino. Es posible aprender poco a poco la habilidad hasta que incluso en el mercado pueda uno escucharlo. Una vez que sabes que está ahí, no es difícil escucharlo. Ni siquiera todo el ruido del mundo puede impedirte que lo escuches. El problema es sólo escucharlo por primera vez, pues uno no sabe dónde está ni qué es ni cómo permitirlo. Todo lo que se necesita es volverse más y más silencioso.
Siéntate en silencio. Cuando tengas tiempo, por una hora al día, no hagas nada: siéntate y escucha. Escucha los sonidos que hay alrededor, sin ningún propósito particular, sin ninguna interpretación acerca de que significan. Sólo escucha sin razón alguna. Hay un sonido, así que hay que escucharlo. De manera muy, muy lenta la mente empieza a quedar en silencio. Se escucha el sonido pero la mente ya no está interpretándolo, ya no está apreciándolo, ni pensando en él. De repente cambia la estructura. Cuando la mente está en silencio, escuchando los sonidos de fuera, se oye de repente un sonido que no viene del exterior sino del interior. Una vez que lo has escuchado, tienes el hilo de Ariadna(*) en las manos. Sólo sigue el hilo, adéntrate más y más en el sonido. Hay un pozo muy profundo en el ser de cada persona y aquéllos que saben cómo entrar en él viven en un mundo totalmente diferente, en una realidad aparte.

(*) “El hilo de Ariadna”: frase utilizada para referirnos a una serie de observaciones, argumentos o deducciones que, una vez relacionados, nos llevan con mucha facilidad a la solución de un problema planteado que parecía no tener salida. La expresión proviene del personaje mitológico Ariadna, hija de Minos. Cuando llega Teseo a Creta para matar al Minotauro y librar a su ciudad del temible tributo a que estaba sometida, la entrega de siete doncellas y siete jóvenes para que los devorara el monstruo, Ariadna se enamora del héroe y le facilita una espada y un hilo para salir del laberinto donde se encontraba el Minotauro. El hilo de Ariadna sirvió, pues, de guía para encontrar la salida una vez que dio muerte al monstruo.

(Osho de su Libro Farmacia para el Alma).

Tu corazón de niño…

Si quieres la alegría en tu vida, trae de regreso tu corazón de niño. Cuando podemos ver nuevamente con los ojos puros de nuestro corazón, podemos ver lo que se nos ha dado, y entonces, el regalo de la existencia significa algo. No se trata de “lo que he logrado” sino de que “estoy vivo”.

(Prem Rawat-Maharaji).

Mindfulness… La Practica de la Atención Plena.

Fuente: https://www.youtube.com/user/HolaMaytte

Anhelar el regreso al “Hogar”…

Sentimos la imperiosa necesidad de marcharnos de casa en busca de lo que quiera que sea que nos haga sentirnos completos, pero sentimos la misma necesidad imperiosa de regresar. Después de un largo día, agotador, de guardería o de oficina, lo único que queremos es volver a casa, volver a estar con nuestra madre, con nuestro padre, con las personas queridas, volver a dormir. De niños, añoramos nuestro hogar cuando estamos lejos demasiado tiempo, lejos de las personas a las que queremos. Cuando alguien muere, decimos que «han vuelto a casa» o han encontrado un nuevo hogar donde poder descansar eternamente, donde poder, al fin, descansar en paz.
A lo largo de toda la historia humana, la búsqueda del hogar se ha expresado en todas y cada una de las facetas de nuestra vida: en nuestro arte, nuestra música, nuestra ciencia, nuestras matemáticas, nuestra literatura, nuestra filosofía, nuestra implacable búsqueda de amor, nuestra espiritualidad. La búsqueda del hogar nace de lo más profundo de la mente humana.

En el arte, la interacción del buscador y lo buscado, el primer plano y el fondo, la luz y la sombra, el espacio positivo y negativo crea tensión, drama. Un chiste busca el golpe de efecto; una frase busca completitud. Es nuestro inherente anhelo de resolución lo que hace que una obra de arte, un chiste, una frase sean tan atrayentes, tan dramáticos, tan satisfactorios. Quizá sea el mismo anhelo que ha llevado a los matemáticos, filósofos y físicos, durante toda la historia humana, a buscar algún tipo de gran teoría unificada y omnímoda de la realidad, integridad en el caos, amor en medio de la devastación, una conclusión cósmica. Según nos cuentan, incluso el universo se expande y se contrae, buscando de algún modo el equilibrio, buscando el hogar. Todo anhela entrar en reposo.
El hogar no es un sitio, una cosa ni una persona. Es descanso. Originariamente, la palabra «hogar» significa «descansan» o «yacer».

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 21 de Junio

La pregunta que tienes que hacerte a ti mismo es siempre: ¿cuál es mi verdad en este momento? Dicho de otro modo: ¿qué pienso y siento realmente ahora mismo?
¿Puedo simplemente admitir lo que aparece en la experiencia presente? ¿Puedo empezar, al menos, a admitir estos pensamientos, estas sensaciones, estos sentimientos, por mucho que no los quiera admitir, por mucho que hagan peligrar la imagen que tengo de mí?
¿Puede considerarse entonces que lo que admita ya está admitido en la experiencia presente? ¿Es posible simplemente percibir, ahora mismo, que estas olas ya se han admitido en el océano…, que lo que soy ya ha dicho sí a este momento, que la aceptación que busco ya está aquí?

Si de verdad he de aceptar este momento, como muchas enseñanzas espirituales me dicen que haga, debo aceptar todo —sencillamente todo— lo que aparece justo ahora.
Y en ese «todo» podría estar incluida cualquier resistencia a aceptar o no aceptación que aparezca justo ahora. Desde el punto de vista del océano, todas las olas están aceptadas, incluidas las que no nos gustan o no queremos en este momento. La aceptación no tiene porqué ir acompañada de una sensación bonita o tener una apariencia agradable. La verdadera aceptación va más allá de todas las ideas que tengamos sobre la apariencia que debería tener. La verdadera aceptación es lo que eres en esencia; es eso que permite que este momento sea exactamente como es. Lo que eres acepta incluso lo inaceptable. Es una aceptación radical.
Recuerda: Admitir lo que aparece en la experiencia presente —es decir,; percibir simplemente y sin ningún esfuerzo que estos pensamientos, estas sensaciones, estos sentimientos están presentes aquí y ahora— es percibir que lo que eres ya ha admitido estos pensamientos, sentimientos y sensaciones aquí, en este momento, ¡incluso aunque no quieras admitirlos porque ponen en peligro una imagen de ti.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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