Pensamiento del Dia: 5 de Abril

No hay integridad sin la aparición de la diversidad. La integridad se expresa, de hecho, como la extraordinaria diversidad y multiplicidad de la vida.
Así que no es que no haya un yo, sino que, cuando miro de nuevo con atención, ahora mismo, no encuentro algo separado de la vida llamado «yo». No encuentro nada aquí que sea sólido y perdurable en el tiempo y el espacio. No encuentro nada separado de este momento. Solo encuentro formas pasajeras —olas de experiencia que aparecen y desaparecen—. Solo encuentro pensamientos, recuerdos, imágenes, sonidos, sensaciones, olores, sentimientos… que vienen y van en el espacio que soy. Y el relato de mí mismo es también algo que viene y va en el espacio que soy. ¡«Yo» voy y vengo en lo que soy!
La ilusión es que existe aquí algo sólido, fijo, separado. En definitiva, puedo decir que «no hay un yo fijo»; o, en realidad, podría decir que «todo es yo», puesto que todas las olas son inseparables de lo que soy. Las palabras que emplees dejan de importar cuando de verdad ves lo que está pasando. Todas las palabras del mundo vuelven a disolverse en el espacio, en el silencio.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 1 de Abril

Es casi como si intentáramos anularnos a nosotros mismos con las drogas, el alcohol o el sexo. A cierto nivel, así como la ola anhela retornar al océano, nosotros también anhelamos deshacernos de la carga que supone ser un yo separado. Anhelamos perdernos en la vida, que la vida nos absorba. Cuando vuelvo a casa después de un largo y agotador día de trabajo, me tomo una copa, y otra, y otra, y pronto todos mis pensamientos parecen estar muy lejos, como si no existieran ni hubieran existido nunca.
No es simplemente que me olvide de ellos…, literalmente han desaparecido de mi experiencia, en este momento. A cierto nivel, el objeto de la adicción nos permite satisfacer el anhelo más profundo que tiene todo ser humano: desaparecer, dejarnos absorber por la vida, desintegrarnos en el momento, volver a casa, regresar al vientre materno, librarnos del peso de ser un yo separado, disolvernos de nuevo en el océano y descansar, descansar al fin. Mientras me bebo otra jarra de cerveza, me inyecto la droga de moda o conduzco de camino a casa en mi deportivo nuevo, siento que todo está bien…, durante un rato.
Sería maravilloso si este mecanismo nos diera de verdad lo que nos había prometido: completud permanente. Pero no es así, porque siempre llega el bajón. La luminiscencia va perdiendo intensidad, y el malestar aflora otra vez. Vuelve el dolor. Regresa el sentimiento de incompletud, a veces con más intensidad que nunca, y entonces pierdo la cabeza por la siguiente dosis, el siguiente momento de alivio, la siguiente experiencia. El buscador reaparece, aún incompleto, aún insatisfecho…, tal vez más insatisfecho que nunca. El sentimiento de vacío y descontento vuelve a aflorar; la sensación de carencia regresa. Y yo retorno al relato de mi vida vacía e insatisfecha, y luego anhelo librarme de todo ello otra vez.
Si el mecanismo de búsqueda cumpliera sus promesas y realmente eliminara el sentimiento de carencia e incompletud, no habría ningún problema. No existirían las adicciones. No necesitaría drogas, cigarrillos, comida o sexo para que se llevaran mi dolor. No me sentiría impulsado a ceder a ninguno de ellos con tanta frecuencia, o quizá no cedería nunca. La vida estaría en equilibrio total. El hecho es que el cigarrillo no me da completud. No me quita los problemas; no me libra del malestar durante demasiado tiempo. Pero tal vez el siguiente sí. El efecto de la droga no dura mucho, pero tal vez la próxima vez sí lo haga. He jugado y he ganado, y no me satisface, pero tal vez si vuelvo a ganar, si gano más, me sienta satisfecho. Siempre buscamos el siguiente momento de liberación, y el ciclo continúa.

(Jeff Foster de su Libro La mas profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 29 de Marzo

Creemos que la sanación es la ausencia de dolor, de enfermedad, de malestar, pero la sanación verdadera nada tiene que ver con escapar de estas olas de experiencia.
La sanación que de verdad anhelas es la plena aceptación del dolor, el final de todas las ilusiones. La sanación que de verdad anhelas consiste en liberarte de tu identidad de víctima del dolor. No es librarnos del dolor lo que de verdad queremos, sino escapar de la imagen que albergamos de ser «el que está sumido en el dolor». No es librarnos del dolor lo que de verdad queremos, sino experimentar una profunda aceptación en el dolor.
Descubrir que eres el espacio plenamente abierto en el que el dolor aparece, y no el relato de alguien a quien el dolor ataca, es la verdadera sanación —la sanación de la identidad—, y sus efectos van mucho más allá de la sanación física.

(Jeff Foster de su Libro Reflexiones).

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Pensamiento del Dia: 26 de Marzo

El despertar no es el final del compromiso con la vida…; es solo el principio.
Paradójicamente, cuando comprendemos lo perfecta que es la vida, cómo todo sucede exactamente cómo ha de suceder, nos sentimos más libres que nunca de salir al mundo y cambiar las cosas para mejor. Al ver lo perfecto que es alguien exactamente como es, eres más libre que nunca de ayudarle a ver con claridad lo que a sus ojos es imperfección. Tu acción ya no proviene del supuesto básico de que esa persona es una entidad defectuosa que es necesario reparar; ves que ya es un ser íntegro y, desde las profundidades de esa comprensión, le señalas el camino de vuelta a su integridad inherente. Enraizado en la integridad, eres libre de participar plenamente en la danza de la separación aparente.
Cuando ya no intentas arreglar la vida, quizá puedas serle de gran ayuda a la vida. Cuando ya no intentas arreglar a los demás, quizá puedas ser para ellos una gran bendición. Tal vez la verdadera sanación se produce cuando dejas de interferir.
Posiblemente lo que la vida necesite más que ninguna otra cosa sean personas que ya no ven problemas, sino que ven la inseparabilidad de sí mismos y el mundo, y que se implican plenamente en el mundo desde ese lugar de la más profunda aceptación. La más profunda aceptación de las cosas tal como son y el compromiso valiente con la vida son uno, por muy paradójico que le suene a la mente racional.

(Jeff Foster de su Libro Reflexiones).

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Pensamiento del Dia: 7 de Marzo

Como espacio abierto en el que todas las olas aparecen, ninguna de esas olas te puede en realidad definir. La ira, el miedo, el aburrimiento, la alegría… son olas que simplemente aparecen y desaparecen en lo que eres. Tienes una relación íntima con ellas, pero no te pueden definir. Los sentimientos más felices, los más tristes o más dolorosos, los más intensos, todo tipo de pensamientos, por muy extraños, desagradables o «anormales» que sean, pueden todos ir y venir en lo que eres, y lo que eres permanece intacto, de la misma manera que, proyectes lo que proyectes en una pantalla de cine, se conserva la pantalla prístina.
Lo que eres es sencillamente la capacidad de pensar cualquier cosa y de sentir cualquier cosa, pero no te define ninguno de los pensamientos y sentimientos que aparezcan. Lo que eres es como un cedazo a través del cual puede pasar toda la experiencia humana. Eres la pantalla de cine a la que ninguna película se puede adherir jamás.
La furia puede ir y venir en lo que eres, pero no hay dentro de ti una persona furiosa. Hay temor, pero no una persona atemorizada. Hay tristeza, pero no encontramos por ninguna parte una persona triste. Tú no eres un ser limitado; eres capacidad ilimitada y eterna para la vida toda.
Para entender lo que significa ser capacidad para toda ola, es importante que entendamos la diferencia entre sentir algo y ser algo. Puedes sentirte feo (o débil, inútil, confuso, atemorizado, aburrido, entusiasmado…, lo que sea) en el momento, pero, en realidad, lo que eres no puede ser eso. Te puedes sentir feo, pero, como espacio abierto, no puedes ser feo. No hay una persona fea; el sentimiento «feo» no puede definirte. El espacio abierto que eres está más allá de todos los opuestos. Aparecen en lo que eres sentimientos de fealdad y de belleza, y lo que tú eres permanece intacto; no pueden afectarle ninguna de las dos polaridades. Lo que eres no está menos completo por que aparezcan sentimientos de fealdad, ni está más completo por que aparezcan sentimientos de belleza. Lo que eres no es ni feo ni hermoso; permite que existan tanto la fealdad como la belleza, pero ninguna de las dos lo puede definir, al igual que el océano permite que existan todas sus olas, pero no lo puede definir ninguna de las olas individuales que aparecen.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 21 de Febrero

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Pero hasta que entendamos lo que ocurre en el nivel más básico de una relación, hasta que comprendamos el mecanismo de la búsqueda y hasta que seamos capaces de identificar la dinámica que es causa de nuestra falta de sinceridad y de nuestra desconexión en primer lugar, no podremos ser verdaderamente sinceros; solo fingiremos que lo somos. Quiero que veamos lo que es la verdadera sinceridad, la verdadera honestidad, y la relación que tiene con la búsqueda.
Si preguntamos qué es lo más importante en una relación, mucha gente dirá que la sinceridad. Comunicar lo que de verdad piensas y cómo te sientes realmente, ser auténtico, vulnerable y profundamente humano en tus interacciones se considera la manera más saludable de vivir. Y a mí me gustaría objetar a esto que, cuando buscamos algo, no podemos ser verdaderamente sinceros, por mucho que lo intentemos.
¿Quieres contarle la verdad, admitir lo que realmente es verdad para ti, a tu pareja, a tu amigo, a tu madre, a tu padre? Estupendo. Pero mientras busques algo de ellos —ya sea amor, aprobación, aceptación o seguridad— o simplemente quieras que piensen bien de ti, siempre intervendrá el miedo, el miedo a perder. En pocas palabras, mientras estés buscando, siempre vas a jugarte una pequeña treta a ti mismo y a jugársela a los demás, aunque no te des cuenta. Secretamente, adaptas tu comportamiento, cambias lo que dirías, escondes lo que sientes en realidad, vas con cuidado, para asegurarte de que seguirán dándote lo que quieres. Ocultas lo que realmente piensas, lo que realmente sientes, para no perderlos y, de ese modo, no perder la posibilidad de completarte.
Empiezas a representar un papel, en vez de relacionarte. Te relacionas como imagen con otra imagen, y no como espacio abierto con el espacio abierto…, y tus relaciones pueden acabar pareciéndote incompletas e insatisfactorias.
Suena bastante dramático todo esto, y tal vez respondas: «No, ¡qué va!, es demasiado exagerado. Yo no creo que busque completitud en mi pareja. Y no represento ningún papel, ¡soy yo mismo!». Ya, pero esta búsqueda puede adoptar formas muy sutiles; puede existir aunque no seas consciente de ella. La cuestión es que no percibimos directamente nuestra búsqueda de amor, solo experimentamos los efectos secundaríos de la búsqueda, es decir, la tensión en las relaciones, la falta de sinceridad de nuestra pareja, la frustración o la ira que nos provoca, el sentimiento persistente de que la otra persona no es quien queremos que sea o quien pensamos que debería ser. Muchas veces, la búsqueda se percibe como un sentimiento de desconexión… de los demás, de la vida en sí. La verdad es que, si hay conflicto en tus relaciones, probablemente busques algo de tu pareja —o de tu amigo, tu padre, tu madre, tu hermana, tu hijo, tu jefe, tu terapeuta o tu maestro— sin darte cuenta de ello. La clave está en ser sincero en todo momento sobre lo que buscas, y esa sinceridad siempre empieza y termina en ti.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 18 de Febrero

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En un mundo que es totalmente impermanente, en un mundo de cambio constante, en un mundo que en última instancia escapa a cualquier tentativa tuya de controlarlo, incluso si consigues lo que quieres, puedes luego perder lo que tienes. En definitiva, la vida no ofrece ninguna clase de seguridad. Lo que aparece, siempre desaparece. En lo más hondo, sabemos que nada, absolutamente nada, puede protegernos de la posibilidad de perder lo que tenemos, y por eso sentimos tal ansiedad en nuestra vida.
Ahora que tenemos una casa nueva, nos preocupa la posibilidad de quedarnos sin trabajo y no poder atender los pagos en el plazo previsto. Ahora que tenemos dinero más que abundante en nuestra cuenta bancaria, nos preocupa que pueda quebrar la economía y que nuestros ahorros se queden en nada. Por muy feliz que seas en la relación con tu pareja, te preocupa que pueda dejarte, enfermar o algo aún peor. Te preocupa que tus hijos se hagan daño. Te preocupa tu cuerpo, todo lo que podría ocurrirle. Y sabes que nada —ni tu gran casa, ni los muebles, ni tu vistoso automóvil, ni la piscina, ni todo el dinero que tienes en el banco, ni siquiera tu amado gurú espiritual— puede protegerte de una pérdida potencial, del cambio, de la impermanencia, del rumbo que toman las cosas.
Claro que las personas y los objetos pueden darte temporalmente un sentimiento de seguridad, de comodidad v placer, pero no pueden proporcionarte lo que de verdad anhelas, que es vivir a salvo de cualquier clase de pérdida, a salvo de cualquier carencia y, en última instancia, a salvo de la muerte. No pueden ofrecerte la seguridad cósmica que tan desesperadamente buscas; no pueden llevarte de vuelta a casa. No hay nada en el exterior que pueda llevarte de vuelta a casa.

(Jeff Foster de su Libro La más profunda Aceptación).

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