Tu propia experiencia…

Hay una muy sencilla y hermosa experiencia dentro de ti y es la experiencia de ti.

(Prem Rawat-Maharaji).

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Crear el camino andando…

Una cosa: tienes que andar y crear el camino andando; no encontrarás un camino ya hecho. No es barato alcanzar a la mayor realización de la verdad. Tendrás que crear el camino andando tu solo; el camino no esta ya hecho esperándote. Es justo como el cielo: los pájaros vuelan pero no dejan huellas. No los puedes seguir; no hay huellas detrás.

(Osho).

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Anhelar el regreso al “Hogar”…

Sentimos la imperiosa necesidad de marcharnos de casa en busca de lo que quiera que sea que nos haga sentirnos completos, pero sentimos la misma necesidad imperiosa de regresar. Después de un largo día, agotador, de guardería o de oficina, lo único que queremos es volver a casa, volver a estar con nuestra madre, con nuestro padre, con las personas queridas, volver a dormir. De niños, añoramos nuestro hogar cuando estamos lejos demasiado tiempo, lejos de las personas a las que queremos. Cuando alguien muere, decimos que «han vuelto a casa» o han encontrado un nuevo hogar donde poder descansar eternamente, donde poder, al fin, descansar en paz.
A lo largo de toda la historia humana, la búsqueda del hogar se ha expresado en todas y cada una de las facetas de nuestra vida: en nuestro arte, nuestra música, nuestra ciencia, nuestras matemáticas, nuestra literatura, nuestra filosofía, nuestra implacable búsqueda de amor, nuestra espiritualidad. La búsqueda del hogar nace de lo más profundo de la mente humana.

En el arte, la interacción del buscador y lo buscado, el primer plano y el fondo, la luz y la sombra, el espacio positivo y negativo crea tensión, drama. Un chiste busca el golpe de efecto; una frase busca completitud. Es nuestro inherente anhelo de resolución lo que hace que una obra de arte, un chiste, una frase sean tan atrayentes, tan dramáticos, tan satisfactorios. Quizá sea el mismo anhelo que ha llevado a los matemáticos, filósofos y físicos, durante toda la historia humana, a buscar algún tipo de gran teoría unificada y omnímoda de la realidad, integridad en el caos, amor en medio de la devastación, una conclusión cósmica. Según nos cuentan, incluso el universo se expande y se contrae, buscando de algún modo el equilibrio, buscando el hogar. Todo anhela entrar en reposo.
El hogar no es un sitio, una cosa ni una persona. Es descanso. Originariamente, la palabra «hogar» significa «descansan» o «yacer».

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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Pensamiento del Dia: 29 de Julio

Mucho de nuestro sufrimiento está basado en la idea de que, si sentimos algo durante demasiado tiempo, o con demasiada intensidad, o lo sentimos siquiera, nos convertiremos en ello. Estamos convencidos de que, si de verdad permitimos que el sentimiento esté en nosotros, se nos adherirá y acabará por definirnos. ¡Mucho de nuestro sufrimiento está basado en lo que, en definitiva, es pura superstición! Solo porque te sientas fracasado no significa que seas un fracasado. Solo porque te sientas feo no significa que seas feo. Solo porque te sientas una ola, no significa que la ola pueda definirte.
En nuestro afán por definirnos, por distinguirnos de los demás, por mantener en pie un relato coherente sobre quiénes somos, lo que acabamos haciendo es no permitirnos albergar sentimientos que se contrapongan a la imagen o el relato de nosotros mismos que intentamos mantener. Decimos: «Este sentimiento es yo» o «Este sentimiento no es yo». Si la imagen que tengo de mí es la de una persona guapa, atractiva, no voy a permitir que entre una ola fea; esa ola sencillamente no concuerda con cómo quiero verme a mí mismo y con cómo quiero que tú me veas. Si me siento feo, empiezo a sentir que algo no va bien…, que hoy no «me siento a mí mismo». O si tengo la idea de que soy un triunfador, no voy a permitir que entre la ola del fracaso. No concuerda con la idea que tengo de mí. No me puedo permitir sentirme fracasado. Si tengo la imagen de que soy una persona fuerte y quiero que otros me vean así, no me puedo permitir sentirme débil. No puedo permitir que entre en mi experiencia ninguna idea que ponga en peligro la idea que tengo de mí mismo.
Si de verdad tuviéramos algún control sobre las olas que aparecen, podríamos impedirles la entrada a todas aquellas que no respalden nuestro relato de nosotros mismos. Pero la realidad es que el océano de la vida no está bajo nuestro control. A pesar de todos nuestros esfuerzos, los pensamientos v sentimientos que no deseamos siguen apareciendo. Intentamos desterrar las olas feas, temerosas, dolorosas, perturbadoras; las olas de fracaso, de debilidad, de «energía negativa»; las olas «oscuras», y descubrimos finalmente que no es posible; Aparecen de todos modos. No podemos cerrarle el paso a la mitad del océano. El océano de la vida es salvaje y libre, y no se puede domar ni reprimir.
¿Por qué no tenemos control sobre las olas? ¿Por qué aparecen las olas indeseadas? Porque en el mundo de la dualidad, los opuestos tienen que mostrarse juntos.
Es muy importante que entendamos también esta verdad. Nuestra experiencia está en perfecto equilibrio: si hay guapo, tiene que haber feo. Si hay éxito, tiene que haber fracaso. Si hay iluminado, tiene que haber no iluminado. Si hay amado, tiene que haber no amado. Así son las cosas, y no es un problema hasta que entramos en guerra con el modo en que son, hasta que nos oponemos al equilibrio de la vida.
La belleza de la vida es que está en constante movimiento, siempre cambiando. No podemos sentir lo mismo todo el tiempo. En la experiencia presente, no hay «todo el tiempo», y tampoco hay «nunca»; solo la danza de las olas ahora. Cuando decimos: «Quiero ser atractivo, quiero ser guapo», lo que queremos decir es que deseamos sentimos atractivos todo el tiempo, nunca sentirnos feos. Recuerda, lo que eres no puede ser nada en particular, pero, a la vez, lo que eres es la facultad de sentir cualquier cosa ahora. Queremos ser algo inmutable y sólido en el tiempo y el espacio, y sin embargo, cuando observamos, vemos que nuestros sentimientos están constantemente fluctuando, cambiando, en el momento intemporal.

(Jeff Foster de su Libro La mas Profunda Aceptación).

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